Aunque suene a cliché, es casi inevitable empezar la primera columna del año diciéndolo: este es un año que puede marcar la historia del país. No se trata solo de elegir un nuevo gobierno. Se trata de decidir qué tipo de país queremos seguir siendo y qué prácticas estamos dispuestos a seguir tolerando. No es una elección más. Es un momento en el que está en juego nuestra forma de entender lo público, la convivencia y la responsabilidad que compartimos. Y sin embargo, como pasa elección tras elección, hay un silencio que persiste y que me llama la atención: la cultura prácticamente no aparece en la conversación pública.
En los debates hablamos de seguridad, salud, empleo, déficit fiscal y crecimiento económico. Pero rara vez discutimos el papel del arte y la cultura como herramientas estructurales que pueden incidir en todos esos temas. Como si fueran un lujo, algo que puede esperar, o un asunto que se resuelve con un par de líneas bien intencionadas en los planes de gobierno.
La evidencia dice otra cosa. En distintas ciudades del mundo, con gobiernos de izquierda y de derecha, las intervenciones culturales han sido parte de estrategias más amplias para enfrentar la inseguridad. Programas que ocupan el espacio público con arte, música y actividades comunitarias han ayudado a reducir delitos en barrios históricamente violentos. No porque el arte “resuelva” la violencia por arte de magia, sino porque los lugares que se habitan, se cuidan y se comparten funcionan distinto que los territorios abandonados.
Algo parecido pasa con la cultura ciudadana. Hay experiencias bien documentadas que muestran que cuando se fortalecen valores colectivos, confianza institucional y sentido de pertenencia, la gente cumple más las normas. Incluso aquellas que no se pueden vigilar todo el tiempo, como el pago de impuestos. No porque alguien los esté mirando, sino porque empieza a aparecer la idea de que lo público también les pertenece.
Hasta en temas como la corrupción y la eficiencia del gasto público, el arte y la cultura tienen un papel que podría ser fundamental. En sociedades donde la participación cultural es mayor, suele haber más exigencia frente a lo público, más vigilancia ciudadana y menos tolerancia social frente a las trampas. La ética no aparece de un día para otro: se va aprendiendo, despacio, en la vida cotidiana, mucho antes de llegar a los códigos o a los discursos.
También en la política exterior la cultura ha sido una herramienta estratégica. Países con visiones ideológicas muy distintas han invertido durante décadas en diplomacia cultural para construir confianza, proyectar valores y mantener abiertos canales de diálogo cuando la política formal se vuelve tensa o insuficiente. En un mundo cada vez más polarizado y desconfiado, la cultura sigue siendo una de las pocas formas de encuentro que no necesita imponer ni alinearse para funcionar.
Y hay otro elemento que hoy resulta imposible ignorar. En un mundo atravesado por la inteligencia artificial, los algoritmos y la automatización de decisiones, la cultura se vuelve todavía más relevante. No como una nostalgia del pasado, sino como un espacio donde siguen teniendo lugar la sensibilidad, el criterio, la duda y la imaginación. El arte no está para frenar la tecnología, sino para ayudarnos a no olvidar para qué y para quiénes la usamos.
Nada de esto quiere decir que la cultura sea una solución mágica ni que reemplace políticas duras cuando se necesitan. Quiere decir, más bien, que cuando se entiende como un asunto transversal, los resultados suelen ser más sostenibles. Cuando se ignora, el costo aparece después, casi siempre en forma de fractura social.
En este año electoral, valdría la pena no dejar el arte y la cultura por fuera de la conversación. Preguntar qué proponen los candidatos, cómo entienden lo público, qué lugar le dan a la formación ciudadana y al pensamiento crítico. Y, como siempre, más allá de las pasiones, leer con cuidado los planes de gobierno y observar con atención el carácter de quienes aspiran a gobernarnos. Ahí, muchas veces, está la diferencia real.





