Hoy quiero hablar de alguien especial, alguien que admiro, aprecio, sigo, he leído, lo conocí antes que él me conociera, seguía sus pasos lentos en los pasillos de Fiesta del Libro, en alguna presentación de libros, ya fuera él en su moderación o como quien estaba a cargo de responder preguntas sobre su obra. Él es Juan Diego Mejía, un escritor de obra extensa, de amistad sincera, de palabras justas.
Desde hace poco toda su obra ha estado siendo reeditada por TusQuets, su más reciente publicación lleva el nombre de Y si acaso yo muero en la guerra, un texto que narra la historia de un joven soldado del Ejército Nacional que pierde una de sus pierdas por pisar una mina; y que también tiene al padre de este joven como protagonista, un señor humilde, persistente y que busca en su cabeza palabras para compartirlas con quien narra la historia en el libro, que la verdad, termina siendo un libro narrado por tres personas y con otros personajes bellos, extraños, difíciles. Es una narración como las que ha solido tener Juan Diego Mejía, que son tan reales que invitan a tomarse un café con él para continuar esas historias.
Lo primero que leí de él fue Soñamos que vendrían por el mar, luego pasé por El cine era mejor que la vida, Camila Todoslosfuegos y El dedo índice de Mao. Después de un buen tiempo, Juan Diego volvió a publicar y salió Adiós, pero conmigo, de lo más bello que he leído y que me regresó a Camila Todoslosfuegos, lo sentí como una continuación, como una maduración de ciertos personajes y sus historias, esa es mi percepción, por supuesto, creo que no le he dicho esa sensación a Juan Diego, quién sabe qué pensará
No pensé que pasaría del lector al amigo, del lector a quién se puede encontrar con ese escritor que admiras y pudo pasar a diálogos más extensos, a entender ese universo de conocimiento que habita en él, incluso a poder tener un diálogo en espacios abiertos para hacerle preguntas sobre su obra, sobre ese Dedo índice de Mao o Camila Todoslosfuegos, sobre ese Adiós, pero conmigo, sobre ese proceso para encontrar y llegar a las historias.
Me es difícil no hablar del ser bello que atraviesa esas palabras escritas y que con el tiempo se han refugiado en muchas bibliotecas o se han exhibido y aún está en los estantes de las librerías. No he dudado en recomendarlo, justo hace poco en un cruce de lecturas con una amiga, decidí llevarla a leer a Camila Todoslosfuegos, no le he preguntado si lo terminó, si le gustó, si se sintió caminando con Camila la Avenida La Playa o los bares del centro. Espero que sí, espero que haya quedado animada en introducirse en la obra de Juan Diego, ese gestor cultural, ese exsecretario de cultura de Medellín, exdirector de la Fiesta del Libro, ese asesor, ese amigo, ese profesor de taller de escritura en la Biblioteca Pública Piloto, ese promotor, ese amigo, esposo, padre, crítico, pero siempre, siempre, con una voz serena, con una contundencia, así como sus diferentes libros, historias simples, cotidianas, inocentes.
La presentación del libro Y si acaso yo muero en la guerra, después de Fiesta del Libro, fue en el Teatro Otraparte lleno. Allí Juan Diego Mejía les contó a sus lectores, a quienes queríamos escucharlo, todo el recorrido para llegar a esta historia, lo simbólico de cada personaje, la importancia de relatar la historia de la guerra de Colombia desde la mirada de un soldado, porque en muchas otras historias se narra desde las víctimas, pero de cierto modo, los soldados también lo son, por supuesto que lo son y eso hace mucho más valiosa esta lectura. El amor de un padre y a su vez un remordimiento del padre, pero también su entrega, su esfuerzo, la realidad de este país.
Si puedo recomendarles qué leer de Juan Diego, les diría que Camila Todoslosfuegos y Soñamos que vendrían por el mar e ir poco a poco acercándose a su obra, a mí aún me faltan otros títulos, por supuesto, pero lo bello es que se puede conseguir fácilmente en librerías y bibliotecas públicas.





