Lorena Miranda y Angélica María Pérez son dos mujeres del Bajo Cauca antioqueño, separadas por varias horas de camino entre sus veredas, y unidas por una misma pasión: la apicultura. Ambas encontraron en la producción de miel una nueva oportunidad de vida, gracias al acompañamiento de la Fundación Mineros, que impulsó desde su línea de economía inclusiva este proyecto como una alternativa económica para las familias antes vinculadas a los cultivos ilícitos en la región. Más que una apuesta productiva, la iniciativa se convirtió en un punto de partida para el empoderamiento económico de las mujeres rurales del Bajo Cauca.
Nacida y criada en la vereda Corderito de Zaragoza, Lorena ha sido una emprendedora nata. Desde los 16 años se independizó de su familia e inició con el negocio de preparación de alimentos que vendía cuando se organizaban partidos de fútbol cerca de su casa. Luego, la junta de acción comunal de la vereda la invitó a una reunión sobre el programa apícola de la Fundación Mineros y ese fue el punto de partida de su historia con las abejas. “Como sucede con el café, la miel tiene dos grandes cosechas al año, a veces tres. Todo depende del clima y la flora, que le da a la miel un color y sabor particular.
Por ejemplo, las flores del Acacio dan mieles más oscuras que las del mango y la pera, hay para todos los gustos”, describe Lorena.
El comienzo
Aunque las abejas siempre estuvieron presentes en la cotidianeidad del Bajo Cauca antioqueño, eran vistas más como una amenaza que como aliadas. Se las temía por sus aguijones, sin reconocer su verdadero valor como productoras de miel y guardianas del equilibrio ambiental.
Doña María, la suegra de Angélica María, fue quien mostró primero interés por la apicultura, pero al no poder usar el traje de protección, Angélica decidió intentarlo en su lugar… y se enamoró de las abejas. “Al principio fue difícil, se me murieron varias, y con el tiempo aprendí a cuidarlas, a entender sus comportamientos y a convivir con ellas. Incluso ya distingo las que vuelan por mi vereda, sé cuáles son mías”, cuenta con orgullo Angélica María, de la vereda Puerto Astilla de Nechí.

En 2011, la Fundación Mineros y la Fundación El Cinco iniciaron el programa con 35 familias pertenecientes a las veredas de los municipios de Zaragoza, El Bagre, y San Jacinto del Cauca Bolívar.
Aunque la Fundación El Cinco no continuó con el programa, otras organizaciones nacionales y extranjeras, como USAID, asumieron un rol clave como aliadas e impulsoras de esta iniciativa al atender la invitación de la Fundación Mineros, que ha sido un pilar fundamental, no solo en la gestión de recursos, sino también en la formación y el fortalecimiento de capacidades.
“Gracias al acompañamiento, las familias apicultoras han adquirido las habilidades necesarias para desarrollar su actividad de forma autónoma, potenciando sus talentos y asegurando la sostenibilidad del proyecto en el tiempo, pues de eso se tratan los procesos de gestión social”, explica Yesenia Carmona, directora de Gestión Social de Mineros.
Negocios con sabor a miel
En 2014, la Fundación Mineros dio un paso decisivo al respaldar la creación de la Asociación de Apicultores del Bajo Cauca y Sur de Bolívar (Asapibas), que hoy acompaña y fortalece el trabajo de 120 familias apicultoras de la subregión, consolidando una alternativa económica sostenible y transformadora.
“Las familias aprendieron a vivir de la producción de miel, la convirtieron en su ingreso primario. Hoy Asapibas recibe aproximadamente cinco toneladas de miel por mes para su comercialización, lo que corresponde a entre 300 y 800 kilogramos por apicultor”, expresa Ángel López, coordinador proyecto apícola Fundación Mineros.
Hoy, no solo Asapibas, sino también otras asociaciones de apicultores en Colombia trabajan de la mano con la empresa Campo Dulce, encargada de comercializar sus productos dentro y fuera del país.
Para comprar los productos: 321 2495836 y [email protected].





