Volver a lo análogo: la nostalgia como brújula

Por: Opinión
13 julio, 2025
Por: María Catalina Prieto Vásquez 
Por: María Catalina Prieto Vásquez. Es músico de la Universidad de los Andes, con estudios en administración cultural y políticas culturales en Barcelona y Bogotá. Ha trabajado en Colombia, Estados Unidos y Europa en sectores públicos, privados y de cooperación internacional. Es creadora de iniciativas de transformación social a través de la música, como el Coro Reconciliación y el programa Soy Músico. Ha impulsado la sostenibilidad de organizaciones culturales y ha sido reconocida internacionalmente, incluyendo el Global Arts Management Fellowship. Desde 2021, dirige la Orquesta Filarmónica de Medellín, obteniendo premios como el Innovation Award de Classical Next y el Grammy Latino.

Estoy escribiendo esta columna mientras me alisto para llegar a tiempo a un plan inusual: un concurso de Stop en un bar. Sí, ese mismo juego que marcó tantos recreos de colegio, vacaciones y paseos familiares. Un juego que, sin necesidad de pantallas, nos obligaba a pensar, a reírnos, a discutir apasionadamente si “queso” era o no un animal. Mientras lo escribo me doy cuenta de que, sin haberlo planeado, este plan resume algo más profundo: poco a poco estamos volviendo a lo análogo, a lo simple, a la esencia.

Crecí, como muchos de mi generación, en un mundo que conoció la tecnología como una visita ocasional, no como un huésped permanente. Tuvimos infancia sin internet y adultez hiperconectada. Soy parte de esa microgeneración a la que llaman los xennials, esos que sabemos usar un cassette y una story de Instagram con la misma naturalidad. Vivimos la transición: de la máquina de escribir al correo electrónico, del teléfono de disco al celular, del Atari a la Play Station. Nos acostumbramos a mirar el mundo a través de pantallas, pero algo en el fondo siempre extrañamos mirarnos a los ojos: la complicidad de una mirada, el valor de una carcajada real, sin emojis o stickers, o revivir una anécdota que no quedó grabada en ningún celular. 

Durante años, como tantos, supe de la vida de las personas que quiero gracias a Facebook primero y luego a Instagram. Me enteraba de matrimonios, nuevos bebés, separaciones, ascensos y viajes con solo deslizar el dedo. Era cómodo, rápido, pero también impersonal. Ahora, sin embargo, noto una tendencia que me genera curiosidad: cada vez más amigos deciden salirse de las redes, o al menos tomarse un respiro. Algunos me cuentan que lo hacen para recuperar tiempo, otros porque sienten que todo se ha vuelto una competencia de apariencias. Borran aplicaciones, cierran perfiles, y de repente me doy cuenta de que, a pesar de que yo soy muy activa en redes y subo todo lo que me gusta, si quiero saber cómo están mis amigos, tengo que escribir, llamar, coordinar un café. Volver a la antigua.

Y en ese regreso descubro algo que habíamos olvidado: la importancia de la conversación sin filtros, de la risa en vivo y en directo, de las anécdotas que solo ocurren cuando nos encontramos. En un mundo saturado de notificaciones, reacciones y  me gusta, hay algo revolucionario en jugar Stop, en jugar golosa, en compartir un juego de mesa. Porque jugar no es solo para niños; es un acto de presencia, una manera de reconectarnos con la parte de nosotros que sigue creyendo que el tiempo puede detenerse un rato. Recuerdo, por ejemplo, esas tardes en las que con un trompo o un yoyo se nos iba la vida entera, sin mayor tecnología que nuestras manos y un pedacito de calle.

La tecnología, claro, no desaparecerá. Y no debería. Nos ha dado herramientas maravillosas y un acceso al conocimiento sin precedentes. Pero quizás estamos aprendiendo —tarde pero a tiempo— a no dejar que nos devore. A equilibrar. A volver a ver a los amigos en carne y hueso, a dejar notas hechas a mano, a desempolvar juegos de infancia.

Me aferro a la esperanza de que los niños que están naciendo hoy sabrán navegar ambos mundos: el de las pantallas y el de los juegos del barrio. Que sabrán usar la tecnología para aprender y crear, pero también sabrán disfrutar de un Stop, un chicle americano, una tarde de escondidas o una competencia de canicas. Porque, al final, los juegos de siempre no solo entretienen: desarrollan motricidad, creatividad, empatía y, sobre todo, nos devuelven el regalo más escaso de todos: el tiempo compartido.

Volver a lo análogo no es retroceder. Es recordar que la felicidad no siempre necesita Wi-Fi. A veces basta con un tablero de Stop, unas hojas de colores o un simple “te invito a un café” para volver a sentirnos humanos en toda la extensión de la palabra.

Buscar

Categorías

Noticias recientes

toto slot slot gacor rans303 slot gacor toto slot SPY77 toto togel https://ppid.karantinaindonesia.go.id/ toto togel https://bto-ao.co.jp/scaleremover/ toto bosjoko PWVIP4D dingdongtogel situs toto ARENA303 bwo99 situs slot JONITOGEL slot 1000 parlay bola toto situs online toto slot toto slot toto slot toto slot bwo99 traveltoto bwo99 toto slot toto slot situs toto toto toto slot parlay toto toto BWO99 parlay agb99 toto slot toto slot slot gacor toto slot benteng786 bwo99 toto slot agb99 situs toto toto agb99 8kuda4d slot gacor toto agb99 SlotPoker188 Login slot gacor situs toto situs toto situs toto toto bobatoto ltdtoto toto slot toto slot toto slot AMANAHTOTO situs toto https://lynk.id/wd-bos Pakde4D slot gacor slot gacor toto toto toto toto toto toto PREMANTOTO Pakde4D premantoto premantoto situs slot