Gustavo Jaramillo
Por Saúl Álvarez Lara
Jackson Pollok
Lou Andreas SaloméEl día siguiente de la inauguración de su exposición de retratos en el Museo Maja de Jericó, a las ocho de la mañana, me encontré con Gustavo Jaramillo en la sala del primer piso donde están colgados los setenta y dos que, dice, ha hecho en su vida de artista que comenzó en mil novecientos setenta y cinco, el año en que terminó los estudios de Sociología en la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha hecho setenta y cuatro retratos en total. En la exposición faltan dos pero no le pregunté por qué, los que tenemos alrededor son testimonio suficiente de la relación íntima, amorosa, dulce, enamorada, en ocasiones intensa incluso dolorosa, entre artista y sujeto. Están hechos a lápiz, con suavidad para no herir el papel, en capas sucesivas que les dan vida.
Walter Benjamin
Ernesto Sábato
Julio Cortázar
Alexander CalderTodo tiembla, dice con una sonrisa. Es su manera de compartir con los clásicos. Son coincidencias, frutos del azar, pero el azar no existe, es el resultado de la correspondencia entre pensar y hacer. Jaramillo habla de los personajes, estamos allí para eso, aunque por momentos uno que otro salto a la historia lo desvían del tema, dice con preocupación; sin embargo no es así y él lo sabe, los personajes retratados son parte de la historia y para comprenderla y comprender el mundo es necesario estudiarlos, conocerlos, saber de dónde vienen y, lo que es mejor, para donde van, a pesar de que entre los setenta y dos en la sala solo dos viven. Los otros habitan el imaginario de Jaramillo desde siempre. Todos los días los busca, está en contacto con ellos, los lee despacio; solo una página por día, luego cierra el libro aunque al final de la página encuentre una coma, un punto o parte de una frase. Cuando encuentra párrafos que lo ponen a pensar o lo conmueven los copia en un papel, los mete al bolsillo y durante el día los saca y los relee. Le ha sucedido con Walter Benjamin y aun así, asegura que Benjamin le ha pegado unos revolcones fantásticos. Entonces caigo en la cuenta de un detalle, todo está hecho de detalles, Jaramillo habla de los personajes como si viviera con ellos, como si los tuviera en su casa, como si esperaran su regreso. Cuando llegue saldrán a la puerta a recibirlo. Si me lo preguntaran yo diría que es posible conversar con cada uno de los setenta y dos como si fueran Gustavo Jaramillo y escuchar las historias que los llevaron a estar allí, en la sala del primer piso del Museo Maja de Jericó hasta finales de septiembre. Si me lo preguntaran yo diría que los setenta y dos retratos son el retrato de Jaramillo, de su vida de artista, de su conocimiento, de su talento.





