No hay nada que se pegue más rápido que el negativismo de una persona –en la casa, en el lugar de trabajo, en el ascensor– es de las energías más fuertes e invasivas que podemos experimentar.
Cuántas veces has sido la persona que repite frases como: “No vamos a lograrlo”, “No va a salir bien”, “No espero nada positivo de esto”, “Hoy no va a ser mi día”. Sin darte cuenta, cada una de estas frases define cómo percibes tu entorno y cómo los demás te perciben a ti. Mirar todo con dificultad es un espiral sin salida que no te permite cambiar la actitud y mucho menos los resultados.
Pero, ¿si lográramos ser más conscientes del efecto que tiene ser negativo y contagiáramos positivismo con cada frase que nos decimos y expresamos?
Ser optimista no te asegura que te vaya bien, pero ser pesimista si es suficiente para que te vaya mal.
Un optimista sabe que puede fracasar, pero su futuro no depende de eso, porque cuando fracasa, no se paraliza, no se justifica, busca alternativas y se enfoca en el “cómo sí” lograrlo, buscando las herramientas prácticas para enfrentarlo, no se enfoca en el problema sino en lograr la solución. Porque cuando creemos que todo esta mal, nos frenamos, no pensamos, no proponemos, no arriesgamos y el resultado no cambia.
Si lográramos contagiar el positivismo tan fácil como el negativismo, seriamos un faro de inspiración para lograr resultados inesperados en cada entorno que permeamos. Porque, aunque sepamos que no siempre logramos el resultado que queremos, si podemos perseverar, perseguir y trabajar con aquellos que con su actitud facilitan transitar los retos, disfrutando el proceso.
Sé que hablar de un mundo motivado todo el tiempo es más que utópico; siempre habrá momentos por transitar y batallas internas por lidiar, pero en esos momentos difíciles es cuando podemos tomar la elección de tener una actitud positiva y generar el mayor cambio interno; para nosotros y para quienes tenemos al rededor. Somos el resultado de quiénes nos rodeamos, de nuestros pensamientos que definen realidades y de nuestro impacto en el corazón de los demás.
¿Qué pasaría si cada persona se propusiera a cuestionarse cada vez que va a contagiar su negativismo y cambiara esa frase por algo que genere posibilidades? ¿Cómo sería nuestro día a día encontrándonos en círculos que hablan de manera positiva e inspiran a encontrar el cómo “sí” y no se guían por el cómo “no”?
Comenzar el día con una sonrisa para quien tenemos al lado, un saludo de buenos días en el ascensor, una despedida al portero que nos cuida cada noche puede cambiar todos los resultados de cada segundo que se convierte en días, meses y años.
Así que, ser optimista es ser un rebelde con causa. Te invito a hacer parte de este movimiento: porque el positivismo también se pega, nos une y nos inspira, porque tú te mereces ser ese faro de inspiración, rodearte de quienes también lo son e impactar la vida de quienes se cruzan en tu camino.





