Hay objetos que, al romperse, parecen perder su valor. Pero, ¿qué pasaría si sus fracturas no se ocultaran, sino que se resaltaran hasta convertirse en el elemento más significativo de la pieza? Este cuestionamiento está en el centro de la propuesta artística de Tito Valmore, nombre con el que se conoce a Andrés Valencia Moreno, artista nacido en Medellín, y dueño de una plástica única.
Su acercamiento al mundo de la creación comenzó en 2020. Desde entonces, ha desarrollado un lenguaje que transita entre la pintura y la escultura, con especial interés en las posibilidades expresivas de los materiales y en las historias que pueden contar las imágenes.
“Es una invitación a recuperar un arte hecho con tiempo, intención y sensibilidad, y a llevarlo al lenguaje contemporáneo”, así define Valmore su arte.
Una de las referencias centrales de su trabajo es el kintsugi, una práctica japonesa de reparación de objetos cerámicos que hace visibles las fracturas mediante líneas doradas. En lugar de disimular las marcas de la ruptura, esta tradición las integra a la historia del objeto. En su plástica, Tito retoma esa idea y la lleva a sus obras como metáfora de la resiliencia, la aceptación y la transformación personal.
Las cicatrices también cuentan historias
La colección Kintsugi reúne buena parte de esa exploración. En ella, las grietas revestidas de oro no aparecen simplemente como un recurso decorativo: representan experiencias que dejan huella y que pueden modificar la manera en que una persona se reconoce. La imperfección, en esta lectura, deja de ser algo que debe esconderse y se convierte en parte de la identidad.
Una de las piezas que permite acercarse a ese universo es su reinterpretación de la Venus de Arlés. La figura clásica aparece transformada:
“Sostiene el mundo que la ha quebrado y un espejo que ya no representa únicamente lo que fue, sino aquello en lo que se ha convertido”. Así lo define la descripción curatorial.
La obra, presentada en una edición limitada de 25 ejemplares, muestra cómo el artista toma referentes de la historia del arte y los revisita desde preocupaciones actuales. En lugar de reproducir la imagen clásica como ideal de perfección, propone pensarla desde la experiencia de la transformación.
El arte en diálogo con otros escenarios
La propuesta de Tito Valmore también ha buscado espacios distintos a los tradicionales circuitos expositivos. En 2025 presentó la colección Kintsugi en Poblautos, en una exhibición que planteó un contraste entre la ingeniería automotriz y la poética de la reparación. En 2026, llevó sus piezas a los hoteles Marriott, donde el entorno arquitectónico y el diseño contemporáneo acompañaron la reflexión sobre las fracturas y la resiliencia. Para 2027 estas obras se irán al exterior:
“En este momento, las obras están exhibidas en el Marriott de Medellín, pero ya para el próximo año vamos a tener exhibición en Centroamérica. Estarán en los Marriott de Guatemala y El Salvador”.
En su estética, más que ocultar las marcas del tiempo, Tito Valmore propone mirarlas de frente. En sus piezas, el oro no borra la ruptura: la hace visible. Y en esa decisión está la idea que atraviesa su trabajo:
“Aquello que nos transforma también puede convertirse en parte de nuestra belleza”.





