Hace un mes que dejé de ver a Domino, nuestro perro, nuestro compañero. Un bulldog francés que nos acompañó durante 15 años. Objetivamente, debo ser agradecido, ya que muchos perros no logran vivir tanto tiempo. Sin embargo, con toda la gratitud del mundo, ha sido un duelo bastante complejo.
He atravesado muchos duelos en mi vida: la pérdida de padres, amigos, tíos, abuelos… Y, sin ánimo de compararlos, lo que he sentido en este particular proceso con una mascota parecía indescifrable. No entendía por qué había sido tan duro si, en teoría, ya había transitado duelos similares y me había sentido mejor en otras ocasiones. Busqué respuestas y, finalmente, encontré una que me dio paz, gracias a una charla con mi psicóloga Luisa Rincón: “Dani, lo que sucede con las mascotas es que están en todas partes, incluso en los espacios más privados. Por ejemplo, tú no te bañas y entra tu papá, pero si entra tu mascota”.
Esa reflexión me llevó a crear una especie de mural y preguntar a la gente: ¿Cómo te ayuda tu mascota a cuidar tu salud mental? Las respuestas me conmovieron profundamente. Algunas decían literalmente: “Me salvaste la vida”. Otras, que incluso habían perdido a su mascota hacía años, con solo leer la pregunta, lloraban. En cada mensaje que recibía y en cada conversación, me di cuenta del inmenso poder sanador que tienen las mascotas en nuestra salud mental.
Domino estuvo presente en todos los momentos importantes de mi vida reciente (15 años): noviazgo, matrimonio, nacimiento de mi hijo… Y además, me acompañaba en todas mis actividades: reuniones, clases en EAFIT, cafés en Pergamino… En cada aventura, le encontraba, y empezaba a conversar con él, sobre todo: mis emociones, cómo me sentía, incluso le preguntaba qué hacer. Era un ser que no me juzgaba. Por más que le regañara o tuviera un mal día, él siempre estuvo firme, al pie del cañón, esperando que lo sacara a pasear o que diéramos una vuelta. Sin saberlo, con cada acción, Domino contribuyó a mi bienestar mental.
Entendí una frase muy bonita y poderosa que me dijo David Escobar en uno de los episodios de Tenemos que hablar, donde resaltaba el poder de las mascotas diciendo “las mascotas nos enseñan a amar y nos enseñan a despedirnos” y, literalmente: he vivido esos dos momentos con la pérdida de Dominó, especialmente por la forma en cómo enseñó a amar. Por eso, como muchas de las personas que dejaron mensajes en el mural acerca de sus mascotas, recordé el valor profundo que tienen en nuestras vidas y el impacto positivo en nuestra salud mental.
Esta columna pretende ser un homenaje a la vida de Domino y, en general, a esas mascotas que, sin saberlo, impactan positivamente en nuestras vidas. Porque, en el fondo, ellas nos enseñan que el amor y la compañía incondicionales son uno de los mayores tesoros que podemos tener.





