En el Oriente antioqueño seguimos evidenciando el paso de una región con fortalezas en turismo y descanso en las afueras de Medellín, hacia un territorio que busca consolidarse como polo de desarrollo e inevitable zona de expansión urbana para esa misma capital de Antioquia.
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Si miramos los registros del DANE, las tres localidades más pobladas del altiplano son: Rionegro, cercano a consolidar 150 mil habitantes; La Ceja del Tambo ya superó los 70 mil y en Marinilla residen 73 mil personas. Son cifras aproximadas, sin contar la población flotante que nos dan cuenta del crecimiento vertiginoso en la densidad poblacional, sustentando por qué la movilidad sostenible ha pasado de ser un tema ‘deseable’ a ser una necesidad urgente.
El reto del altiplano no debe quedarse solo en la ampliación de vías en los principales corredores, si bien son importantes y un asunto de responsabilidad territorial; la infraestructura de movilidad debe pensarse más allá, desde parámetros multimodales, pues estamos importando el modelo de tráfico del Valle de Aburrá a esta región que aún tiene la oportunidad de no cometer los mismos errores.
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Si aquí realmente nos importa la calidad de vida, ya deberíamos tener una entidad técnica, autónoma y descentralizada, dedicada exclusivamente a planear e integrar el territorio desde la gestión del suelo, el diseño y análisis de métodos de movilidad multimodal (llámense tren ligero, cables, tranvías, etc.), y no en seguir privilegiando el modelo actual basado en el vehículo particular y la expansión de vías que se saturan al poco tiempo de inauguradas. Sería una visión insuficiente y conformista.
Planeación no es ejecución, es la fase previa a la materialización de proyectos y la visión de amplio alcance que nos pauta el modelo hacia dónde y cómo deben crecer los municipios, humanizando, entre otras cosas, los desplazamientos.
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El Oriente merece un transporte público integrado, de bajas emisiones, que solucione la fragmentación y desconexión actual de las rutas intermunicipales, accediendo desde estaciones con un solo medio de recaudo, sin tanto desembarque o cambio de operador. Sería este un sistema más inteligente y de mayor costo-eficiencia.
La bicicleta, por su parte, es otro medio desatendido; por tradición, este caballito de acero ha sido un emblema cultural. El primer vehículo en casa que no incentivamos, sabiendo que nuestra topografía permite tener una red de ciclorrutas intermunicipales que articulen el desplazamiento limpio y seguro para todos.
¿Qué tipo de voluntad nos falta para disponerlas?
El tema es amplio y la movilidad nace como pilar del ordenamiento territorial. Necesitamos reducir tiempos de desplazamiento y simultáneamente cuidar del patrimonio natural, conservar los corredores biológicos y transitar hacia el transporte público eléctrico; si no planeamos un sistema que esté a la altura del Oriente antioqueño, el tiempo ganado al vivir cerca de la naturaleza se perderá en un trancón insoportable a la vuelta de la esquina.
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