*Por: Edwin Echeverri. MG en gobierno y políticas públicas.
Nada tan permanente que una medida temporal. Un ejemplo es el Pico y Placa, que acaba de rotar. Creado en 2005 como norma transitoria para mitigar la congestión por obras del Metroplús, inició con dos dígitos, horas pico y bajo el control de los agentes de tránsito.
En 2011, Alonso Salazar con las “fotomultas” hizo permanente su vigilancia. Aníbal Gaviria, modificó la metodología de asignación de números para evitar que a un mismo ciudadano le tocara siempre el lunes, el día más congestionado. Luego, con Federico Gutiérrez, dejó de ser una regulación de movilidad y pasó a ser un control ambiental, ampliando horarios, dígitos de placas, tipos de vehículos y extensión territorial. Hoy, pese a los cambios, el modelo sigue sin resolver el problema estructural.
Medellín pasó de gestionar una obra a intentar administrar una crisis vehicular. El parque automotor pasó de 478.000 vehículos en 2005 a más de 1,9 millones, de los cuales las motocicletas superan el 60 %. Sin propuestas integrales, la congestión y la pérdida de tiempo en los desplazamientos continúan.
Persisten buses obsoletos, poca integración del transporte público, indisciplina vial y ausencia de control sobre motos, carga y parqueo en vías. El centro está colapsado, no existen rutas circunvalares, ni una política robusta para promover la bicicleta o el transporte público articulados a incentivos reales.
La ciudad requiere una conversación que involucre al Distrito, al Área Metropolitana, las universidades, empresas y el comercio. Urge repensar la movilidad desde la última milla, la pedagogía ciudadana y el comportamiento vial. Experiencias como las de Singapur, que premian los buenos hábitos en vez de castigar, son caminos viables. Mientras tanto, movemos los números para continuar parados, con una medida que no mejora la movilidad ni la calidad de vida.





