Cambiaron todas las preguntas

La transformación tecnológica está cambiando el mercado laboral y plantea un desafío para Colombia: conectar la formación de talento con las nuevas necesidades de las empresas. Así lo afirma Samuel Arango en esta columna de Opinión.
Por: Opinión
2 septiembre, 2026
Samuel Espinal Arango
Por: Samuel Espinal Arango, Internacionalista, MSc en Marketing, Máster en Liderazgo.

Una buena parte del futuro que hace 10, 15 o 20 años era ciencia ficción ya es realidad. La tecnología como autopista formativa está desarrollando nuevas herramientas y creando nuevos oficios tan rápidamente, que aquellos países que quieran impulsar la competitividad de su mercado laboral deben alinear la demanda de talento de la empresa privada con su oferta profesional.

En Colombia, según el DANE, la tasa de desocupación (TD) de la población joven se ubicó en 14,7 % entre abril y junio de 2026. Esta cifra sigue duplicando casi el promedio de la desocupación a nivel nacional, que para ese mismo trimestre se situó en 8,3 %. Atender el desempleo en el país es una tarea cuya prioridad no expira y, por el contrario, para el caso del gobierno recién posesionado, disminuir estos indicadores respaldaría su discurso tecnócrata.

El gobierno entrante tiene la posibilidad y la responsabilidad de tender puentes entre la demanda de quienes generan empleo formal y la oferta de las universidades públicas y privadas. Según el Estudio de Escasez de Talento 2026 de ManpowerGroup, 61 % de los empleadores en Colombia reporta dificultades para encontrar trabajadores con las habilidades que su operación requiere — una brecha real, aunque menor al 72 % que reporta el promedio global. La empresa privada juega un rol fundamental en esa ecuación: la sincronía entre el Estado y los empresarios debe cumplir con las expectativas de los empleadores e impulsar la formación y colocación del talento humano para jalonar el crecimiento de la economía y fortalecer la competitividad del país.

El modelo de educación tradicional está en la posición de reinventarse para entregar al mercado los profesionales que sean ágilmente colocados en el mercado y así las universidades e institutos mantengan su pertinencia y se complementen, en lugar de competir, con la formación digital de las plataformas. En el camino a repensar la oferta educativa, los Programas de Ciclo Corto (PCC) cobran especial relevancia en mercados laborales tan cambiantes como el de Colombia. Según el Banco Mundial, un tercio de los empleadores de la región no encuentra trabajadores calificados y los programas de ciclo corto (PCC) captan solo 9 % de estudiantes en Latinoamérica frente a 24 % del promedio global.

Por fortuna para Colombia, ya hay casos de éxito en el mundo que respaldan que esa alineación de demanda del mercado contra formación de talento es efectiva. En Singapur, el programa del gobierno SkillsFuture reportó que entre junio de 2022 y diciembre de 2024, cerca del 55% de casi 4.300 participantes del Career Transition Programme que estaban previamente desempleados consiguió trabajo nuevo dentro de los seis meses siguientes a terminar el curso. Las áreas en las que fueron formados los participantes partieron de identificar tres “economías prioritarias” hacia las que orientaron las competencias de los ciudadanos: economía digital, economía verde y economía del cuidado. Por fortuna para Colombia, estos casos de éxito son modulares y pueden ajustarse a la demanda que el país tiene para el corto y mediano plazo: suplir profesionales en áreas como salud/cuidado, energía, manufactura y servicios digitales.

El Sistema Nacional de Información de la Educación Superior registró, con corte a 2024, más de 920.900 estudiantes en programas técnicos y tecnológicos. Sin embargo, la tasa de colocación de egresados técnicos y tecnólogos reportada por el boletín laboral del SENA ronda apenas el 43 %. La brecha entre cuántos entran al sistema y cuántos logran colocación formal al salir es la misma que separaba a Singapur antes de que el país asiático rediseñara sus programas para medir empleo, no sólo aprendizaje. Conciliar la demanda de empleo con la oferta de las empresas es, entonces, un paso consecuente para cualquier gobierno que quiera fortalecer sus indicadores de empleo formal.

Escribiendo esta columna recordé una frase que se le atribuye a Mario Benedetti: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Lo cierto de la frase es que el reto de este gobierno con respecto al empleo y a la formación requiere una mirada que integre las demandas de quienes generan el empleo formal con la capacidad del sistema educativo para dar línea en esa misma formación, haciendo las preguntas correctas para avanzar en la autopista de la tecnología que cambió, para siempre, todas las preguntas y paradigmas del mercado laboral.

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