En el pequeño estudio de diseño, en el barrio La Florida, en El Poblado, los estantes están llenos de bitácoras, hay una máquina de coser, cajas con telas, cuadernos con recortes de revistas y un tablero que alberga los sueños y metas de la diseñadora Sara Ojalvo. Entre ellos, la próxima pasarela que realizará y en la que participarán mujeres de todas las edades.
A sus 18 años y motivada por el deseo de empezar de cero en un entorno donde nadie la conociera, emprendió su viaje a Milán, Italia para estudiar diseño de moda en el Instituto Marangoni. Allí se enfrentó al estudio técnico del patronaje, el análisis textil y el diseño de colecciones. “Tenía muchas ganas, pero yo no era la top para dibujar… el dibujo no es mi fuerte”, confiesa Sara entre risas. Sin embargo, se destacó por su creatividad en creaciones conceptuales y por la precisión técnica al elaborar moldes.
Luego de graduarse en 2024 y con la incertidumbre de su futuro laboral lanzó su marca, que empezó con un primer encuentro íntimo en casa, presentando únicamente cuatro prendas. A partir de ese día, y gracias a la ayuda logística de su madre, sus tías, su novio y sus amigas, la firma comenzó a expandirse en otros eventos en Bogotá y, pasado mañana, de nuevo en Medellín.
Frente al consumo acelerado del fast fashion y la uniformidad casual del día a día, Sara ha construido una firma de slow fashion que busca la confección de lotes limitados, el uso de telas que perduren y una versatilidad que sobrepasa las generaciones. “Quiero hacer un desfile para mostrarles a todas las personas que la marca no se divide en edades… Es ropa que nos sirve a mi mamá y a mí para situaciones distintas”, afirma Sara.
Hilos que se heredan
Cuando Sara se decidió por el diseño de moda, no fue una sorpresa para su familia, pues sabían de la cercanía que tuvo con su abuela materna Judith, quien fue costurera gran parte de su vida.
En su tradicional máquina de pedal, Judith cosía rodilleras en los pantalones de Sara cuando era bebé para evitar que se lastimara al gatear. Con los años, el tableteo de la aguja sobre la tela se volvió paisaje en las tardes que pasaba con su abuela después de salir del colegio. Aunque solo fueron 12 años compartidos con ella, su recuerdo sigue fresco en la memoria: “Recuerdo los vestidos que se ponía, porque siempre usaba vestido. No sé por qué, pero nunca la vi con pantalón”, dice.
Su abuela no solo fue la motivación para estudiar moda, sino su inspiración en su trabajo de grado titulado Te extraño. Su tesis aborda la nostalgia de un pasado que no se vivió, que se añora y que inspira el estilo del presente. En este trabajo resalta cómo la moda tiene olas de tendencias que se repiten cada cierto tiempo, pero con adaptaciones de la actualidad.
Su sueño es llevar sus creaciones a la pasarela de Colombiamoda y comercializar las piezas en el mercado internacional sin perder la esencia de su propuesta que sigue anclada a la memoria. Cada diseño rinde homenaje a las mujeres de su familia, especialmente a su abuela Judith. “Siento que, si estuviera aquí, habría sido la primera en haberme comprado un bolso…”, dice.
El próximo sábado 26 de septiembre será su siguiente pasarela de moda abierta al público con inscripción previa. En esta ocasión, las modelos serán mujeres de todas las edades: desde sus amigas hasta las amigas de su mamá.




