Estoy participando en un proyecto que fomenta la creación de nuevas comunidades energéticas en el país y quiero aprovechar para hablar de esta iniciativa, que ha ganado relevancia porque disminuye nuestra dependencia de los combustibles fósiles para la generación de energía eléctrica.
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Pero ¿qué es exactamente una comunidad energética? Es una entidad natural o jurídica conformada por ciudadanos, pymes o autoridades locales que se unen para generar, consumir, almacenar y gestionar energía a partir de fuentes renovables, como la solar, la eólica, la geotérmica o pequeñas centrales hidroeléctricas. Su principal beneficio, más allá del ahorro en la factura eléctrica, es el empoderamiento ciudadano, ya que fortalece la cohesión comunitaria y genera impactos sociales, económicos y de reducción de la violencia, entre otros. Además, democratiza la generación y el acceso a la energía, pues es la comunidad quien decide su administración y destinación.
En Colombia, estas comunidades están reguladas por el Ministerio de Minas y Energía, que promueve su creación y difusión. Actualmente existen más de 2.500 comunidades energéticas apoyadas por esta entidad y, en una convocatoria reciente, se postularon más de 18.000 iniciativas. En Medellín se encuentra la primera comunidad energética urbana del país: La Estrecha, ubicada en el barrio El Salvador, en la Comuna 9, en una calle que lleva este nombre por lo angosta.
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El origen de La Estrecha fue particular. El hijo de uno de sus habitantes propuso realizar un experimento instalando paneles solares en el techo de su casa para usar la energía durante el día. Su padre, Rodrigo García, aceptó sin imaginar lo que vendría después. Con apoyo de la Universidad EIA, el experimento creció hasta involucrar a más de 40 personas en 24 viviendas, dando lugar a lo que para muchos constituye su mayor riqueza: su modelo de gobernanza.
La existencia de una comunidad energética requiere una fuerte apuesta organizativa. Además de constituirse legalmente, la comunidad debe definir su representación, el uso de la energía generada y la distribución de los recursos. Intentos previos a La Estrecha fracasaron, precisamente, por debilidades en esta dimensión organizativa.
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Hoy es evidente que la verdadera riqueza de La Estrecha está en su gente: una alta participación comunitaria, interés común por la expansión del proyecto, compromiso con la educación y la conciencia ambiental, y una estructura organizativa sólida, basada en una asociación que facilita la toma colectiva de decisiones.
- Este artículo hace parte del proyecto «Análisis y estrategias para la implementación de comunidades energéticas en Colombia: un enfoque multidimensional», financiado internamente por la Universidad EAFIT (8198152025).





