*Por: Carlos Arturo Fernández
Dentro del arte en Colombia, las alumnas de Pedro Nel Gómez configuran un capítulo de especial trascendencia.
Sin olvidar el trabajo de algunas pintoras aisladas, una revisión de la historia artística entre finales del siglo XIX y mediados del XX demuestra que el arte era entonces un asunto masculino; a pesar de que las recién creadas escuelas y academias de Bellas Artes tenían algunas veces secciones femeninas, era claro que la formación artística de las mujeres estaba destinada al ámbito doméstico y no a su exposición en espacios públicos.
Frente a ese panorama, el grupo de las alumnas de Pedro Nel constituye un fenómeno particular. Si bien muchas de ellas estudiaban desde los años 20 en el Instituto de Bellas Artes con maestros como Gabriel Montoya, el belga Georges Brasseur y el alemán Curt Lahs, todo cambia cuando Pedro Nel Gómez regresa de Italia en 1930 y, animado con ideas novedosas y vanguardistas, asume la dirección del Instituto y las clases de pintura. Sin embargo, a raíz de los enfrentamientos con algunos círculos sociales que critican sus ideas y métodos de enseñanza, Pedro Nel renuncia en 1932 y se vincula como profesor en la Escuela de Minas.

Colección: Casa Museo Pedro Nel Gómez.
Es entonces cuando un grupo de sus estudiantes de Bellas Artes, mujeres prestantes de la ciudad, se unen y logran acordar con el maestro para que continúe sus clases de manera privada. Del grupo, que se fortalece en 1935 cuando completan el retiro de Bellas Artes, forman parte Débora Arango, Jesusita Vallejo de Mora, Lola Vélez, Laura Restrepo de Botero, María Uribe de Isaza, Luz Hernández, Graciela Sierra, Ana Fonnegra de Isaza y Emilia González de Jaramillo.
Compromiso con el arte
A diferencia de lo que entonces predominaba, la perspectiva pedagógica de Pedro Nel Gómez no se dirige al mejoramiento de la técnica ni a que sus estudiantes copien su estilo, sino que impulsa en sus alumnas la manifestación de los intereses de cada una, la conciencia de ser artista y la dimensión social y el carácter público del trabajo. Por eso, tampoco faltaban los desacuerdos dentro del grupo e incluso con Pedro Nel, pero se mantenía vivo el compromiso con el arte y la decisión de presentar públicamente los logros alcanzados.
En 1937 exponen como grupo en el Club Unión y a partir de entonces cada una aparece con voz propia, aunque, como es natural, unas, como Débora, Jesusita y Lola Vélez, tendrán mayor impacto que otras. Débora Arango se aleja poco después por su interés en el desnudo, que sus compañeras no comparten; las demás permanecen unidas durante muchos años.
En realidad, el grupo es el resultado de una transformación en la educación artística de la época, impulsada por Pedro Nel, tan novedosa como los frescos que pintaba entonces en el Palacio Municipal.
A pesar del manto de olvido con el que la historia tradicional opacó el papel de la mujer en el arte colombiano, aproximarse hoy a las alumnas de Pedro Nel Gómez permite encontrar la presencia femenina más amplia, sólida y significativa en la historia artística nacional hasta la década de 1960.
Sin embargo, hubo que esperar más de 40 años para que se reconociera la trascendencia de Débora Arango; Jesusita y Lola Vélez han sido más expuestas, pero todavía faltan estudios más completos sobre ellas y las demás integrantes del grupo.
La artista y su obra
Jesusita Vallejo de Mora Vásquez (Jericó, 1904 – Medellín, 2003) se identificó como alumna de Pedro Nel Gómez durante al menos 20 años, participando de sus reflexiones acerca de la acuarela y profundizando en sus análisis del Impresionismo y del Posimpresionismo, momentos con los que se sintió siempre relacionada, aunque, de manera sistemática, se apartaba de la facilidad superficial que muchos encuentran en ellos.
El Bodegón, sin fecha, que aparece hoy en nuestra portada, ofrece un análisis complejo de los estudios con los que Paul Cézanne desmontaba la idea tradicional de la perspectiva que antecede al Cubismo, y nos enfrenta a una espacialidad que solo existe en el plano pictórico. Esta no es la representación de un bodegón sino, más bien, la creación de una pintura a partir de la reconstrucción formal de los elementos que lo constituyen.
Las alumnas de Pedro Nel Gómez son tan interesantes que, como en este caso, nos ofrecen manifestaciones de modernidad más radicales que las de casi todo el arte colombiano hasta 1960.




