Luis Fernando Franco ha sentido un asombro singular por los instrumentos cerámicos prehispánicos. Ocarinas, flautas y silbatos le han permitido un acercamiento a culturas ancestrales que ha sabido escuchar y dar a conocer compartiendo sonidos y misterios.
Compositor, intérprete, gestor cultural, investigador, productor y docente, en Luis Fernando se conjugan la sensibilidad musical, poética y de la naturaleza y el liderazgo para emprender proyectos de largo aliento. Su formación académica le permite componer para distintos formatos, solista, de cámara y para grandes orquestas. Su interés por los instrumentos musicales arqueológicos (aerófonos) lo ha llevado a unir el pasado con lo contemporáneo, creando piezas de una belleza excepcional.
“Asumí mi formación en el conservatorio a la par con un trabajo que hacía in situ para conocer otras culturas”. A finales de los setenta, sin entrar al pregrado, viajó por el Macizo colombiano y comenzó a relacionarse con sus músicas y comunidades. Hoy, la Sierra Nevada de Santa Marta hace parte vital de su trabajo, estimulado con las conversaciones con los Mamos.
Compuso la música para Los hijos del sol (1989), obra de Danza Concierto, y fue importante pues, no solo continuó trabajando con el coreógrafo Peter Palacio, sino que conoció al percusionista e investigador brasileño Edson Quesada, quien le regaló una pequeña ocarina de los indígenas de la Amazonía boliviana, que inspiró su exploración sobre los instrumentos cerámicos de las culturas prehispánicas.
Una obra fundamental fue Bulla endiablada (2009-2010), para ocarinas Tayrona de los años 1200 a 1500, que realizó gracias al apoyo del Museo Universitario de la Universidad de Antioquia, cuando era dirigido por el profesor Roberto Ojalvo, hoy director del Museo Maja, de Jericó. Interpretar algunos de los instrumentos ancestrales exhibidos allí ha sido uno de sus momentos más potentes.
En 2023 presentó una obra para celebrar los cien años del Banco de la República de Colombia. Soplo de vida fue compuesta para ser interpretada con algunos de los instrumentos que exhibe el Museo del Oro.
“Esa colección es muy bella. Se hizo una investigación con un equipo interdisciplinario maravilloso”. Se estrenó en la sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, con todos los protocolos para el cuidado de estas ocarinas de sonidos evocadores. Y se llevó al Museo del Oro Zenú, en Cartagena.
“Nada comparado con la magia de estos instrumentos milenarios, con esa sonoridad hermosa y profunda”. Sus composiciones unen las melodías del sistema temperado, que domina la música de Occidente, con los sonidos de las ocarinas.
“Hay formas contemporáneas que se producen desde otras relaciones escalísticas, esto me da la posibilidad de juntar las dos cosas, por un lado, la investigación, que me permite tratar de entender esos patrones distintos de afinación, y la música contemporánea que da herramientas para explorar de otra manera”.
¿Cómo juntar la ancestralidad y sus afinaciones naturales con la contemporaneidad? Esa pregunta ha sido fundamental en su trabajo. Ocurrió, por ejemplo, en 2024, en la obra Selva adentro, que compuso para celebrar los cien años de la publicación de La Vorágine, del escritor José Eustasio Rivera, en la que puso a dialogar a la Orquesta Sinfónica de Eafit con instrumentos prehispánicos.
Experiencia inmersiva
Se refiere a la “espacialidad del sonido”, teniendo en cuenta que no son instrumentos “discursivos por su melodía, sino por el entorno, porque habitaron la jungla y la selva”. Interviene el lugar de una manera envolvente, lo que hace que no se escuche de manera frontal. Captura espacios sonoros con el diseño de obras tridimensionales. Al ser una experiencia sensorial, inmersiva, hace una puesta en escena sonora, a veces con video. Para darle un nombre convencional, trabaja en el formato electroacústico, con una mediación entre instrumento acústico y tecnología.
Gracias a sus conversaciones con los Mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta ha comprendido que “estos instrumentos son memoria, se vuelven portadores. Así como Occidente desarrolló las partituras como una forma de síntesis de codificación de memorias sonoras, las ocarinas son en sí como las partituras de las culturas prehispánicas. Su función, más allá de ser herramientas que producen un sonido, tiene que ver con el equilibrio de la tierra y la posibilidad de conversar con el cosmos, con la naturaleza y con los humanos”.
“Hablan las ocarinas, yo soy el instrumento. Ellas tienen esa memoria. Para las comunidades son instrumentos que tienen vida, dicen cosas que tenemos que aprender a escuchar”. Hay una relación cósmica y natural, por eso ellos prefieren que estén depositados en la tierra. Son únicos, no seriados. Representan el espíritu.
En Jericó
En el Festival de Jericó ofrecerá un concierto con la pianista y compositora japonesa Mine Kawakami, a quien conoció a finales de la década del noventa en un festival en Cuba y desde entonces, juntos, han realizado conciertos en Colombia, Bolivia, Alemania y Japón, entre otros. Este 14 de junio, al aire libre, tendrán una experiencia sonora de piano y ocarinas, que pertenecen a la colección de instrumentos prehispánicos del músico. Ya en 2024 en el Museo Maja se habían presentado. Han alcanzado una comunicación que conduce a lo meditativo y a lo performático. Invitan a una conexión envolvente.

Mine Kawakami “integra la tradición clásica con influencias del jazz latino, la música tradicional japonesa y estéticas contemporáneas, consolidando una voz propia que ha resonado en escenarios emblemáticos de Europa, Asia y América”, dice Luis Fernando.
Han querido traducir el mundo académico del piano a obras en las que intercambian sonidos que llegan desde lo ancestral. La forma como Mine interpreta el piano y como se ha relacionado con los instrumentos cerámicos prehispánicos, les ha permitido convocar un diálogo fluido. Hay profundidad, virtuosismo y esencialidad.
Este diálogo creativo se materializa, dice Luis Fernando, en proyectos como Resonancias (2024), una co-creación para piano e instrumentos cerámicos prehispánicos que explora la relación entre ancestralidad e interculturalidad, integrando ocarinas y piano contemporáneo.
En 2018 con Ekos: El Cosmos en dos culturas celebraron los 110 años de relaciones diplomáticas entre Colombia y Japón. Fue presentada en el Teatro Colón de Bogotá, en Santa Marta y en el Templo Kasuga Taisha en Nara, Japón, lo que implicó una logística impresionante, pues se trasladaron once ocarinas prehispánicas que pertenecen al Museo de la Universidad de Antioquia. ¡Fue fascinante!, dice.
A Mine y a Luis Fernando los une el respeto por el pasado, la comunicación con la naturaleza, la búsqueda del silencio como un estado fundamental de lo humano. Reconocen que estos objetos prehispánicos son una memoria viva que puede relacionarse con la contemporaneidad. Un proyecto sonoro de dimensiones inesperadas, de atmósferas sensoriales.
El Festival
Entre el 12 y el 15 de junio se realizará el Jericó Fest, un encuentro que invita a que la naturaleza y el arte se encuentren. Entre otros músicos estarán Mikael Hyla (cuarteto), de Francia; Mine Kawakami, de Japón; Santiago Monroy (trío), de Chile; Eduardo Moreno, de Cuba; Édgar Criollo, de Venezuela y Luis Fernando Franco, Naty Hernández, Pachito Muñoz y Jarwin Uribe, de Colombia.
La programación está en: www.jericofest.com





