Hace unas semanas, en el evento Conexión Summit 2026, escuché una palabra que no había oído antes y que me gustó un montón. Diego Noriega, amigo, emprendedor serial e inversionista, la lanzó en medio de una charla sobre ecosistemas: No era emprender, lo que dijo fue ‘empren-dar’. Y aquí, una sola letra cambiada, y el verbo entero se transforma.
Y como me gusta jugar con analogías, pensé de inmediato en los bosques. En biología existen las micorrizas: redes subterráneas de hongos que conectan las raíces de los árboles y les permiten compartir agua, nutrientes y señales de alerta ante plagas. Porque ningún árbol crece solo, aunque desde arriba parezca competir por la misma luz. Lo que sostiene al bosque no es cada árbol individual, sino la red invisible que corre bajo tierra. Ese es, para mí, el retrato perfecto de lo que significa ‘empren-dar’: entender que mi crecimiento y el de quien tengo al lado no son fuerzas opuestas, sino parte del mismo sistema de raíces.
Y esa lógica de DAR es, justamente, lo que distingue a los ecosistemas que hoy lideran la región. Según el Global Startup Ecosystem Index 2026 de Startupblink, América Latina y el Caribe crecieron 14,9%, por encima del promedio mundial de 10,3%. São Paulo encabeza el ranking regional, pero lo revelador es que 22 ciudades brasileñas más subieron de posición este año: el desarrollo se está repartiendo entre distintos polos, no concentrándose en uno solo. En Colombia, plataformas como 100 Open Startups conectan a cientos de grandes empresas con miles de startups y premian a las corporaciones que más colaboran, no a las que más compiten. Los ecosistemas que crecen mejor son los que aprendieron a compartir raíces, no los que acumulan más luz para sí mismos.
El psicólogo Adam Grant dedicó buena parte de su carrera a estudiar precisamente esto. En su investigación sobre generosidad y éxito profesional, encontró que son quienes dan generosamente, compartiendo tiempo, contactos y conocimiento, quienes terminan construyendo las redes más sólidas, la mayor confianza y el éxito más duradero. Cuando gana quien da, ese triunfo tiende a expandirse y a multiplicarse.
Por eso creo que Medellín, tiene ahora la oportunidad de dar el siguiente paso: no solo emprender más, sino conjugar un nuevo verbo: ‘empren-dar’.
Aquí te comparto algunas formas concretas de comenzar o continuar conjugando ese verbo en nuestro día a día:
- Abrir la agenda para un café con quien recién empieza, sin esperar nada a cambio.
- Compartir un contacto clave en el momento en que a otra persona más le sirve, no cuando a mí me convenga.
- Contar en público el error que a mí me costó caro, para que a alguien más no le cueste igual.
- Ser el primer cliente, o el primer inversionista, de un emprendimiento que aún no tiene tracción.
- Dar retroalimentación honesta cuando alguien la pide, aunque tome tiempo que no me sobra.
- Gestionar esa alianza con ese “competidor” que llevas meses pensando, pero qué crees que es difícil de lograr.
Por eso la próxima vez que te preguntes qué necesita tu negocio para crecer, pregúntate también:
¿qué puedo dar yo esta semana para que el negocio de alguien más también crezca?
Esa pregunta, más que cualquier plan estratégico, es la que de verdad hace crecer un ecosistema.





