Dr. Couzo, Yan Couzo, italo-coreano, Tras años dedicado a la academia, un doctorado en ciencia espacial, conocedor de astrofísica, genética y tecnología computacional, aunque sin licencia para ejercer; ha dedicado el final de su carrera a crear guías prácticas (Ricettas, como las llama) que cambiarían el mundo.
En homenaje a mi madre.
El duelo es un trastorno psicológico. Lo digo de manera categórica, como quien arranca la cera caliente de un tirón. El duelo puede producir una locura permanente, sin duda puede ser catalizador de enfermedades en el resto del cuerpo, activar aquellas programadas por nuestro ADN heredado, incluso puede ser tan severo como ponerle fin a la convaleciente existencia.
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Muchos pueden decir que el duelo en mentes débiles se confunde con flojera, es claro que, con la lupa del Ebitda, el duelo es en definitiva improductivo. Hay quienes dirán que exagerarlo es un llamado de atención y les llamarán dramáticos, a quienes lo definen como morir en vida. Estas afirmaciones vienen usualmente de tres tipos de personas. Los negacionistas, que se esconden a llorar a sus muertos. Los afortunados, que por una magna virtud del universo o las probabilidades aún no pierden a nadie. Y, finalmente, los psicópatas, que clínicamente están impedidos para sentir algo por alguien.
Algunos colegas e investigadores, le han llamado el “síndrome del corazón roto”, que, a juzgar por la poética, no hay otra manera más para describir el dolor físico a punzadas que se siente mientras se sana la pérdida. Yo mismo he experimentado esta situación, aunque como hombre de ciencia he racionalizado que lo real es el dolor de la ausencia del ser querido y el rompimiento abrupto de la costumbre. Es por esto que me vi obligado a diseñar una nueva receta, una que dirijo a quien pretenda hacer más llevadero el momento y que depende de mantenerse en el afán de la vida, para evitar perder su trabajo por un problema de diseño humano. La muerte.
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Lo primero a desarrollar es la copia de una mente, debemos duplicar a quien ya no está con nosotros de manera virtual, para esto es tan sencillo como compartir con Ollama, un generador de modelos de inteligencia artificial, todos aquellos chats de Whatsapp, los reels enviados entre sí por Instagram, los audios o correos compartidos, fotos y más que engloban la huella digital de la relación. Con Ollama crearemos un cerebro digital idéntico que entenderá hábitos, formas y hasta los típicos errores ortográficos. Esto conectado con servicios como Hume AI de Eleven Labs, permite duplicar la voz de manera casi perfecta.
Posteriormente, con Claude AI, podremos pedirle que nos guíe en cómo configurar a través de domótica nuestro hogar, que como base contará con un sistema autónomo conocido como Raspberry PI. Se deberá enlazar con el internet inalámbrico doméstico todos aquellos interruptores que se necesiten, como luces, electrodomésticos y dispositivos. Esto le permitirá al sistema tener control de encendido y apagado.
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Finalmente, el mismo Claude, nos facilitará de manera detallada cómo instruirnos para configurar un flujo disparador de eventos, n8n, que puede ser integrado de manera rápida y sencilla, que según el modelo previamente definido y por recomendación propia, crearíamos el sistema circular que potencialmente puede simular aún esa presencia anhelada. Encender la luz del lado de la cama del ausente, iniciar la cafetera para ambos como siempre lo hizo quien habitó o incluso lanzar ese mensaje de WhatsApp que se esperaba a un mismo momento, “disfruta tu almuerzo, en la noche nos vemos”.
Tengo que advertir, como recomendación, que mientras se use esta receta, se debe evitar observarse al espejo, pues aunque se llena la ausencia con una presencia virtualmente viva, al mirarse a sí mismo frente a frente, se comprenderá que en últimas, la persona del reflejo es verdugo y que en algún punto deberá apagar el sistema de una vez por todas y para siempre. Se convierte virtualmente en un asesino.





