La celebración de Climate Week en Medellín es un hecho de gran importancia. Eventos de este tipo impulsan la necesaria conversación sobre los desafíos que la crisis climática trae consigo, así como sobre las acciones requeridas para enfrentarlos. Al momento de escribir esta columna, han concluido ya los eventos de la agenda principal. La agenda abierta se extenderá hasta el 10 de octubre y dará lugar a más discusiones informativas y a charlas sobre qué hacer para mitigar la crisis climática, así como para adaptarnos a las nuevas realidades que se derivan de ella, tanto a las que ya están aquí y podemos ver, como a las que la ciencia pronostica y están apenas por venir. Debemos, incluso, prepararnos para la incertidumbre.
Es un hecho muy positivo, repito, que hayamos tenido una semana (casi dos, en realidad) por el clima. Pero, pero, pero… hay que insistir en que esto no es un asunto de solo una semana, ni solo relacionado con el cambio climático.
La conversación debe ser permanente y debe cubrir mucho más que este problema. Precisamente para Climate Week, la Universidad Eafit preparó el documento “No solo es cambio climático. Un informe sobre los nueve límites del planeta”, en el cual se insiste en tomarse en serio el concepto de los “Límites planetarios”: puntos críticos de los nueve procesos clave del Sistema Tierra que no debemos cruzar para evitar una catástrofe ecológica (catástrofe para los seres humanos, sobre todo). El problema: ya hemos cruzado siete de los nueve.
Sí, el asunto va mucho más allá del cambio climático: también hay que tomar medidas urgentes frente a la pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire, el uso del agua dulce, entre otros. Y debe ir también más allá del 10 de octubre. Esto último nos lo recuerda un grupo de ciudadanos y ciudadanas (al cual me sumo a título personal) que, en una carta abierta, le pide a Medellín que no deje cerrar Climate Week sin anunciar “compromisos medibles, con fecha, presupuesto y responsable” que fortalezcan las acciones frente a la crisis socioecológica. Esperemos que el llamado sea escuchado en la Alcaldía de Medellín, el Área Metropolitana y demás instancias con posibilidades de incidencia, incluidos la academia y el sector privado.
El reciente terremoto nos sacudió –literalmente– y generó una respuesta solidaria maravillosa. La reacción a la crisis ambiental, en cambio, no se ha dado con la misma contundencia. Esto puede deberse a que las preocupaciones derivadas de la crisis ambiental se diluyen en el tiempo (a diferencia del terremoto, que es puntual) y no se sienten tan concretamente como el sacudón del terremoto. Pero no nos engañemos: seguir cruzando los “Límites planetarios” traerá consecuencias mucho más devastadoras.
Hay que acelerar mucho más la consideración de lo ambiental como un asunto clave en la toma de decisiones. Digámoslo de nuevo: se requieren “compromisos medibles, con fecha, presupuesto y responsable”.





