Hola, te escribo desde La Trienal de Arte Echigo-Tsumari en la Prefectura de Niigata en Japón. Uno de los eventos de arte contemporáneo más influyentes del mundo.
A una hora de Tokio en Shinkansen, el original tren bala del mundo, conectamos con un tren antiguo de cercanías hasta la estación de Tokamachi. Al llegar, nos encontramos con un territorio montañoso y con fuertes nevadas invernales. Sin embargo, en esta ocasión lo visitamos mientras las montañas se bañaban en colores otoñales de rojizos, naranjas, y ámbar.
Allí, al salir de la estación nos encontramos con varias esculturas talladas en piedras que iban guiando el camino hacia el campo de arrozales, el corazón de la Triennale, desde donde se desplegaban las obras de arte inmersas en los campos, templos, túneles abandonados y colegios japoneses vacíos.
Más que arte expuesto, me sentí inmersa en la ruralidad japonesa, en su territorio y los nuevos paradigmas que enfrentan. Aquí las fuertes nevadas, el envejecimiento extremo y la continua despoblación, han hecho de esta región una isla medio abandonada dentro de Japón.
Desde el 2000, La Trienal Echigo-Tsumari ha tenido la valentía de apostarle al arte para atender estos retos, visibilizarlos, y redinamizar su tejido social.
Quizá lo que más me gustó fueron los formatos contemporáneos de crear arte comunitario y exponerlo en infraestructuras que anteriormente se diseñaron con otros objetivos (educación, movilidad, agricultura). Un diálogo público-privado, local global, una suerte de ecología social emergente. Para el anquilosado mundo del arte global, aquí hay algo nuevo y refrescante sucediendo.
En Japón el arte es esencial en el ser japonés. Está omnipresente en lo cotidiano, en la atención y la contemplación, en el silencio y en la escucha, en la cocina y la comida, en la arquitectura, la iluminación y la sombra. Los ritmos en Japón hacen del arte algo inevitable.
Echigo-Tsumari tiene un carácter muy vanguardista y disruptivo capaz de detonar los sentires. Algo similar a lo que dejan la Isla de Arte Teshima y la Triennale de Setouchi en el Mar del Seto japonés, o en otras latitudes, Venecia en Italia, vestida de Arte durante la Biennale. Eventos de arte y sobre todo de geopolítica que alumbra al ser sintiente como un ser puramente político y con agenciamiento crítico.
Además, sigo con la sensación de que Japón preserva de manera única en el mundo, el cuidado por el respeto y el respeto por el cuidado. Un proyecto de esta envergadura parece trazar nuevas conexiones del arte, las ecologías y las culturas rurales.
En Humanese seguimos integrando los aprendizajes que nos dejó la vida nipona. Te esperamos el sábado 31 de Octubre, para nuestro Halloween para Familias con tintes de aquí y de allá.



