A sus 61 años, cuando Uriel Ospina se bajó de su taxi para presentar “las pruebas del ICFES”, lo que más le impactó fue la juventud de sus compañeros de pupitre. “De 15 a 17 años, que apenas están mirando horizontes en esta vida; algunos sin tener claro lo que harán. Yo me veo siendo mejor taxista y por eso quiero empezar mi técnica en Servicio al Cliente, en el SENA”.
A la misma edad de esos muchachos, hace rato estaba ayudando a su mamá a sostener el hogar, en Jericó, luego de que su padre los abandonara. Como segundo de cuatro hermanos y el mayor de los varones, no dudó en apuntarse a cuanta opción había para un adolescente trabajador. Al poco tiempo, ese paraíso del Suroeste lo sentía pequeño y se vio viajando a Medellín para probar mejor suerte.
“Llegué a El Poblado en 1983, con 19 años. Hice de todo: ayudante de construcción, vendedor de chicles, lavador de carros. Me gané la confianza de una familia de aquí, a la que le hacía oficios varios; aprendí a ser conductor. En 1999 me soltaron un taxi, que estaba inscrito en Flota Bernal y vea, ya son 26 años en la misma compañía, pero ahora con taxi propio”.
Con cada trabajo, con cada carrera, iba ayudando a sus hermanos y a su señora madre, con quien vive y “mantiene como una reina” en el hogar que supo construir en el barrio Enciso, en el centro oriente de Medellín. “Todo lo mío siempre había sido empírico, pero ahora la cosa cambió un poco con mi diploma de bachiller”, dice Uriel, con una sonrisa de satisfacción que no se le quita desde principios de noviembre, cuando lo recibió en ceremonia solemne.
“Me siento de 20 años y con una energía de niño…Tengo mucho por dar y gracias a los trasnochos, haciendo tareas, y disciplina salí de la ceremonia con reconocimientos”, recuerda este taxista que se describe también como testigo de la transformación urbana. “Cuando llegué, había una terminal de buses de El Poblado en donde hoy está el centro comercial Vizcaya, por la 10, en lo que era Hamburguesas del Oeste. Me tocó ver cómo se hacía el Metro, las transversales, las urbanizaciones”.
Este nuevo bachiller, con la misma vocación de servicio de siempre, empieza cada mañana a trabajar, preferiblemente, desde el acopio de Flota Bernal en el Éxito de El Poblado, en Patio Bonito; ahora, bajo una nueva consigna: “Para el amor y el estudio no hay edad”.





