Hace casi dos años y por un tiempo breve, tuve el celular de Vivir en El Poblado al que escriben las personas que nos leen. En ese espacio fugaz de tiempo, recibí mensajes y llamadas que me llamaron la atención: un líder comunitario que buscaba apoyo para mejorar el parque del barrio, un artista que pedía difusión para su obra, una mujer que pedía el teléfono de un entrevistado y un hombre mayor que preguntaba por el teléfono de un psiquiatra para recomendarle a alguien que había manifestado la intención de suicidarse.
En ese espacio fugaz de tiempo, entendí la delicadeza de este oficio. Y es que el hecho de ser un medio de comunicación comunitario se traduce en un aire de cercanía para muchas personas que nos leen y saben que aquí no se necesitan protocolos extensos para ser escuchados o leídos.
Durante este tiempo que he tenido el privilegio de ser parte de Vivir en El Poblado, he sentido fascinación por las historias de la gente: una mujer que cuidó a su madre durante más de una década y luego creó una marca de ropa para personas enfermas, el creador de Waze que invitó a la gente a enamorarse de los problemas para encontrar una solución, un jardinero y criador de mariposas que enseña la belleza de la calma y la importancia de cuidar lo frágil, una directora ejecutiva de orquesta sinfónica que vive con alegría y creatividad, dos hombres que trabajan por restaurar el parque La Presidenta, un dueño de restaurante que crea un menú cada año y cuyos recursos son destinados a cuidar animales en peligro.
Los textos de esta edición tienen elementos del pasado y el presente y mucho del futuro. están aquí para incentivar la conversación con lectores y seguidores. Es la única forma de avanzar.
La lista de las historias vistas y escuchadas es tan extensa como la vida. Y aunque a veces haya episodios menos luminosos, esta casa editorial ha estado guiada por el deseo de mostrar soluciones en medio de lo adverso, en el deseo de inspirar y en la convicción de que ustedes, los lectores, son inteligentes. Y por eso, cuidamos la dignidad de los entrevistados o incluimos una obra de arte en la portada. Porque el arte puede ser para cada uno, aunque no se sea un experto o crítico.
A veces nos preguntan quiénes son nuestros lectores y es difícil responder con exactitud absoluta. Primero, porque no siempre es posible identificar quiénes reciben la edición impresa y no todas las personas dejan su rastro en nuestras publicaciones digitales.
A pesar de eso, puedo decir que este año nos hemos enfocado en llegar a audiencias nuevas a través de contenidos digitales variados y en incluir en nuestra sección de opinión a personas capaces de inspirar desde la construcción y desde lo positivo aunque, a veces, los temas sean densos y difíciles.
Nuestros contenidos también han estado dirigidos a personas que viven en lugares diferentes a El Poblado y Oriente, zona de Antioquia a la que llegamos con Vivir en Oriente hace más de un año.
Ustedes, los lectores, son poderosos: pueden cambiar decisiones, exigir cambios a las autoridades, apoyar iniciativas, dar visibilidad a personas y causas, hacer propuestas, mostrar situaciones que deben ser cambiadas, ser parte de veedurías, proponer otros puntos de vista, rescatar buenas costumbres, recordar valores y lecciones valiosas y olvidadas de la historia. En resumen, ustedes, los lectores, son más poderosos de lo que tal vez se imaginan y pueden transformar lugares y situaciones si así lo quieren. Aquí estaremos para escuchar y acompañar.
¡Gracias por su confianza!





