Hace mucho más de una década, tuve la fortuna de formarme como facilitadora de innovación bajo una metodología muy disruptiva para la época llamada SIT, systematic inventive thinking. Esta metodología, entre otras cosas, hablaba de innovar ‘dentro de la caja’ cuando lo que normalmente decimos es que innovar es salirse de la caja. El principio de la metodología era entender que todas las soluciones están dentro del entorno del problema. Y esto invita a observar, a descomponer el problema y sus elementos y encontrar entre ellos la solución. Pero como el propósito de esta columna no es enseñar metodologías, sino hablar de tecnologías emergentes, lo que quiero mencionar es que esta metodología hablaba de una de las habilidades más importantes del facilitador de innovación que era la metacognición. Cuando ya pensábamos que hablábamos suficientemente sofisticado aparece esta palabra.
Lea también: Red light
¿Qué es metacognición? Pensar sobre el pensar. La imagen que se me viene a la cabeza para tratar de entender cómo es esto, es como si tuviera en mi cerebro un(a) auditor(a) o revisor(a) de mi propio pensamiento. Alguien que está analizando si mi proceso de pensar es adecuado o tiene oportunidades y ese alguien soy yo misma. Esto no puede ser más fascinante porque es imposible.
Es como tener un equipo de agentes en mi cerebro, unos pensando y otros revisando lo que los primeros piensan.
Hoy en día se habla mucho de que una de las habilidades más importantes del ser humano, para enfrentar los retos actuales, es la metacognición, incluso se habla de que los magnates tienen a sus hijos aprendiendo esta habilidad, entre otras. Este mecanismo nos permite ser conscientes de la forma como aprendemos, planificamos, analizamos, encontramos soluciones y todas las funciones del pensamiento humano que se nos ocurran y nos facilita detectar errores o rutas que podemos mejorar en nuestro propio proceso mental.
Esta habilidad parece superior y creo que lo es, pero no superior porque dependa de nuestra capacidad intelectual, sino porque requiere el suficiente silencio interior para interrumpir el automático en el que vivimos y los sesgos que tenemos y poder movernos en planos más objetivos.
Volviendo al principio de pensar dentro de la caja, la metacognición en si misma nos muestra que pensar sobre nuestro propio pensamiento nos puede ayudar a corregir errores de nuestro sistema de creencias y pulir nuestros procesos internos. Este ejercicio individual, invisible, privado trae consecuencias colectivas, visibles, públicas que como dice el libro Esquisse d’un tableau historique des progrès de l’esprit humain publicado en 1795, “On peut même observer que, d’après les lois générales du développement de nos facultés, certains préjugés ont dû naître à chaque époque de nos progrès, mais pour étendre bien au-delà leur séduction ou leur empire ; parce que les hommes conservent encore les erreurs de leur enfance, celles de leur pays et de leur siècle, long-temps après avoir reconnu toutes les vérités nécessaires pour les détruire”, (“Incluso se puede observar que, según las leyes generales del desarrollo de nuestras facultades, ciertos prejuicios debieron nacer en cada época de nuestro progreso, pero para extender mucho más allá su seducción o su imperio; porque los hombres conservan todavía los errores de su infancia, los de su país y de su siglo, mucho tiempo después de haber reconocido todas las verdades necesarias para destruirlos”).
Lea todas las columnas de Ángela Vanegas aquí.
Así que, si queremos ir corrigiendo los errores de cada época de nuestro progreso, la metacognición es el mecanismo que ya tenemos con nosotros para ayudarnos a que esto suceda.




