Que haya llovido mucho en Medellín en las últimas semanas no quiere decir que en el resto del país sea igual. Tampoco significa que el fenómeno de El Niño no exista. El 9 de octubre hubo inundaciones en el occidente de la ciudad. Al 13 de octubre, la Alcaldía reportaba 413 familias (1.065 personas) atendidas y 2.900 ayudas. ¿Cómo puede ocurrir una emergencia así en medio de un fenómeno asociado con la sequía?
La primera explicación está en el calendario. En el Valle de Aburrá, septiembre, octubre y noviembre conforman la segunda temporada de lluvias del año. Según el Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (Siata), se relaciona con la Zona de Convergencia Intertropical, donde se encuentran vientos de ambos hemisferios y se forman nubes.
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Octubre suele ser uno de los meses más lluviosos de Medellín. Según los registros históricos del Siata, durante este mes se acumulan entre 100 y 200 milímetros de lluvia y son comunes los aguaceros intensos por la tarde y las lluvias menos fuertes de madrugada.
Sin embargo, un aguacero, por fuerte que sea, no define todo el mes. Puede caer tanta agua en una hora que se inunde una calle y, aun así, octubre terminar con menos lluvia acumulada que su promedio histórico.
“El Niño no apaga las lluvias”
El 8 de octubre, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) declaró oficialmente el fenómeno de El Niño en Colombia. La decisión llegó después de comprobar que las aguas del océano Pacífico llevaban cinco trimestres móviles consecutivos más calientes de lo normal. En apenas cinco meses, uno de los indicadores que vigila esa temperatura, conocido como ONI, pasó de 0,5 a 2,2, una señal de que el fenómeno se está intensificando rápidamente.
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Pero El Niño no significa que deje de llover. Lo que generalmente ocurre en buena parte de Colombia es que disminuye la cantidad total de lluvia, aunque todavía puedan presentarse tormentas fuertes. Como explicó el director del Ideam, Andrés Herkrath: “El Niño no apaga las lluvias. Octubre y noviembre son la segunda temporada de lluvias y lloverá por debajo de lo esperado, sobre todo en las regiones Andina, Pacífica y Caribe, siendo diciembre el mes de mayor déficit”.
Según el Ideam, el tránsito de las ondas tropicales puede favorecer lluvias fuertes y descargas eléctricas, aun con pronósticos de menores acumulados. Pero son fenómenos meteorológicos de corta duración: un pronóstico climático trimestral, en cambio, describe una tendencia general.
En agosto de 2026, esta entidad identificó lluvias superiores al promedio en zonas de la Orinoquía y la Amazonía, mientras amplias áreas de las regiones Caribe, Andina y Pacífica registraron déficits.
El riesgo también se extendería a 2027. Según el Ideam, existe una probabilidad superior al 83 % de que El Niño mantenga una intensidad fuerte o muy fuerte hasta el primer trimestre del próximo año y podría prolongarse hasta mediados de 2027. Esto obliga a prepararse para una posible reducción de las lluvias sin descuidar las emergencias que todavía pueden provocar los aguaceros. Porque una cosa no excluye la otra: el territorio puede enfrentar inundaciones durante octubre y, meses después, sufrir las consecuencias de la falta de agua.




