Más de 800 familias en el Oriente antioqueño se reúnen en sus casas, alrededor de una cartulina blanca en la que dibujan con colores su finca, su vereda y su vida diaria. Es un ejercicio de reconocimiento de sus territorios, conocido como Plan de Finca. Identifican el río, los cultivos, plantas y árboles que hacen parte de su entorno. En ese mismo espacio dibujan cómo sería su finca soñada… una casa con tejas nuevas, un baño interno, un galpón de gallinas o un trapiche de caña.
Socializan el ejercicio entre vecinos y encuentran que algunas necesidades o sueños individuales se pueden cumplir en lo colectivo. “Hubo una vereda donde un señor renunció a su trapiche soñado y dijo: ‘si el vecino quiere un trapiche y el de más allá también, ¿para qué tres trapiches individuales si podemos construir uno solo comunitario?’”, recuerda Elsa Pilar Parra, una de las lideresas que hace parte de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA).
Ese hallazgo del tejido comunitario es la columna vertebral de los Territorios Campesinos Agroalimentarios (Tecam), una propuesta del Coordinador Nacional Agrario, una organización campesina de mujeres y hombres con presencia en 22 departamentos del país. “Los Tecam son una figura territorial que sintetiza muchos años de luchas campesinas que se han dado en diferentes regiones del país, luchas por la tierra, por la reforma agraria, por el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos”, afirma Mateo Valderrama, antropólogo e integrante del equipo de investigación y formación de la ACA.
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Solo en 2023 los campesinos fueron reconocidos como sujetos de derechos y de especial protección en la Constitución Política de Colombia, con la expedición del Acto Legislativo 01 de 2023. Pero la propuesta de los Tecam nació diez años antes, para reivindicar la labor del campesino, su arraigo cultural y tradicional con su territorio y su derecho a permanecer en él. Desde entonces, se han construido varios Tecam en el país, entre ellos, el del Oriente antioqueño, a la espera de su formalización en el marco del Decreto 780 de 2024.
Tecam del Oriente antioqueño: Agua, Monte y Páramo
La cercanía del Valle de San Nicolás y de Medellín ha impulsado un crecimiento inmobiliario sin precedentes en el Oriente antioqueño, acompañado de megaproyectos como la ampliación de la autopista Medellín-Bogotá (la vía 5G Ruta del Agua) y la segunda pista del aeropuerto internacional José María Córdova. Según datos de La Lonja, en 2025 se vendieron 3.668 viviendas nuevas, con un crecimiento del 21 %. Además, se comercializaron 968 lotes para nuevos proyectos de parcelación, lo que representa un aumento del 6,6% con respecto al año anterior.
Esos datos representan el encarecimiento del suelo, incluido el impuesto predial que tienen que pagar las familias campesinas. “O comes o pagas el impuesto… y en ocasiones, las familias terminan vendiendo su tierra”, afirma la lideresa Pilar Parra. Las fincas pasan a manos de “nómadas digitales”, extranjeros y turistas de segunda residencia y los jóvenes y mujeres rurales abandonan las huertas para trabajar como cocineras o personal de aseo en cabañas turísticas.
Ese fenómeno, conocido como gentrificación, es una de las problemáticas que pone en riesgo al campesinado. “El Tecam en el Oriente antioqueño se hizo por eso, para responder a todos esos riesgos que hay en el territorio y defender la vida campesina, la producción de alimentos en manos campesinas y los ecosistemas”, explica Valderrama.

La respuesta de las comunidades del Oriente antioqueño fue la unión, la organización colectiva y el trabajo comunitario. En 2024, luego de la expedición del Decreto 780 que formaliza los Tecam, la Asociación Campesina de Antioquia, la Asociación de Pequeños y Medianos Productores del Oriente Antioqueño (Asoproa) y el colectivo Guardianes del Agua, decidieron iniciar el proceso de reconocimiento de Territorio Campesino Agroalimentario.
Revisaron el decreto y lo que les exigía. Crearon un comité con delegados de cada organización encargado de las tareas formativas y la logística. Hicieron recorridos veredales y hablaron con las Juntas de Acción Comunal para explicarles la propuesta y lograr el aval autónomo de las comunidades. Así se priorizó a 870 familias distribuidas en 24 veredas de los municipios de Argelia, San Francisco, Cocorná, San Luis y Granada, agrupadas según la geografía del agua. Es decir, las comunidades decidieron estructurarse siguiendo el curso de los ríos La Paloma y Calderas que nacen en el páramo de Sonsón, y del río Santo Domingo que nace en El Carmen de Viboral.
Luego de la organización interna, siguieron la ruta oficial de nueve pasos que establece el Consejo Directivo de la Agencia Nacional de Tierras (ANT) para dar vía jurídica a un Tecam. Entre algunos de los requisitos, se incluía la solicitud formal, la validación geográfica, una visita técnica de la ANT y la elaboración conjunta del Plan de Vida Digna.
A un paso del Plan de Vida Digna
El Plan de Vida Digna, según la ANT, “es un instrumento fundamental que permite planificar la permanencia de estas poblaciones en los Tecam, basado en la gestión del territorio, la superación de necesidades a mediano plazo y la transformación de las conflictividades con miras al desarrollo agropecuario y la Reforma Rural Integral”.
En el Oriente antioqueño, para redactar el Plan de Vida, comenzaron por preguntarse primero por el Plan de Finca, por ese reconocimiento del entorno y la finca soñada en cada familia. “Cuando hablamos de Plan de Vida, para la gente no es ajeno el tema… Solo que ahora hay que hacer otros acuerdos. Ya el acuerdo no es con la esposa y los hijos, sino que es con sus vecinos y vecinas”, explica Pilar Parra de la ACA.
Del campo al aula: un pregrado para la ruralidad
Con base en esa información, plantearon seis ejes a seguir en el Plan de Vida Digna: economía campesina y agroecología; relación con la naturaleza y ordenamiento del territorio alrededor del agua, los bosques, el páramo y los suelos; infraestructuras para la vida; territorialidad campesina, cultura y saberes propios; política del cuidado, derechos humanos y enfoques diferenciales del ser rural; y el fortalecimiento de soberanías territoriales.
El 4 de agosto de 2026, en el municipio de San Francisco, las organizaciones campesinas del Oriente realizaron una audiencia pública en la que socializaron el Plan de Vida ante representantes del Ministerio de Agricultura, la ANT, alcaldías, concejos municipales y la academia.

Minagricultura, alcaldías y universidades. El proceso está a la espera de la formalización por parte del Consejo Directivo de la ANT.
Ahora, las comunidades están a la expectativa con el nuevo gobierno porque esperan que el Consejo Directivo de la ANT se reúna para discutir y aprobar el acuerdo que otorga la personería jurídica y la formalización definitiva del Tecam Agua, Monte y Páramo. Para Elsa Pilar Parra el reconocimiento jurídico es importante, pero le dice a la comunidad que “con decreto o sin decreto, sigamos haciendo lo mismo… Si tumban el decreto, igual seguiremos haciendo agroecología, igual haremos las ferias campesinas, igual haremos nuestros sancochos comunitarios, igual seguiremos cuidando nuestro territorio”.





