Con el título ‘¿De qué escriben las escritoras en Colombia?’, Pilar Quintana (Cali, 1972) habla acerca de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, que fue presentada en 2022 y se constituye en un referente para visibilizar a nuestras autoras.
Dice la escritora caleña, directora editorial de ese proyecto, que además de presentar los 18 libros seleccionados en esa primera entrega y de dar a conocer a las autoras, les interesaba “revisar la historia de nuestra literatura, desmontar los prejuicios que segregaron a las escritoras y moldearon nuestra visión respecto de sus trabajos y proponer una mirada renovada que permita acercarnos a ellas con justicia”.
Y detalla más adelante que, a lo largo y ancho del país, durante los eventos literarios y talleres que siguieron a la presentación de la colección, hubo dos preguntas recurrentes: “¿de qué escriben las escritoras en Colombia?, ¿existe un tema común o que las atraviesa a todas?”.
Para dar respuesta a estas inquietudes Quintana escribió un ensayo que sigue actualizando, en el que recalca, con datos sobre nuestras escritoras y su producción literaria, que muchas veces esos interrogantes parten de un prejuicio que, en su origen, causó el rechazo social y la discriminación de las mujeres que se dedicaban al oficio y que a lo largo del tiempo ha permanecido de diversas formas hasta hoy, a pesar de que tenemos muchas más autoras.
“Aunque cada día es más vigorosa, la participación de las mujeres en el mercado editorial no es todavía paritaria. Estamos lejos de lograrlo. En 2020, cuando empezamos la investigación para la Biblioteca, encontramos que, de los libros de ficción para adultos publicados por las editoriales colombianas, tanto las de los grandes grupos como de las independientes, solo el 25 % correspondían a autoras”, afirma Quintana.
Se trata de hacer creer que las autoras, por ser mujeres, no abordan temas de trascendencia existencial, espiritual, política o de cualquier otra índole, sino que deben circunscribirse al universo de los temas ‘dulces’ o ‘rosas’.
Nada más alejado de la realidad. Y así lo demuestran los textos de la primera y segunda entregas de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, que van desde la colonia, hasta la segunda mitad del siglo XX. Se trata, recoge Quintana, de novela, cuento, poesía, teatro, crónica, artículos periodísticos y de opinión, literatura testimonial y autobiografía, narraciones basadas en hechos de la vida real, historias de ficción, realistas y fantásticas.
“Claro que las mujeres escriben sobre amor, erotismo, maternidad, pajaritos, florecitas y lo que pasa adentro, en la intimidad. Lo hacen al igual que lo han hecho los hombres desde que la literatura existe. Lo hacen al igual que lo han hecho los hombres desde que la literatura existe. Y también, como ellos, escriben sobre lo que pasa afuera: la guerra, la historia, lo social y lo político”, escribe Quintana.
Y, por tanto, plantea que es imposible “rastrear en la Biblioteca de Escritoras Colombianas un tema común o que las atraviese a todas. Las mujeres, como los hombres, escriben sobre todos los temas”, así como tampoco es viable hallar una ‘sensibilidad femenina’ que se pueda distinguir del tono o la sensibilidad masculinos.
Pero no solo escriben y reflexionan, por supuesto, sobre los mismos temas, sino que tuvieron que sobrellevar la carga de ejercer una actividad que, en principio, solo estaba bien vista si la ejercían los hombres. A las mujeres, según lo relata Quintana con ejemplos, les tocaba firmar con seudónimo y hacer toda suerte de peripecias para publicar sus textos.
Es por esto que la escritora caleña considera que, “en las preguntas que entrañan la idea de que las mujeres escriben sobre ciertos temas o con una sensibilidad distinguible de la de los hombres, se esconde un prejuicio: el de reconocer en el hombre al ser humano universal, el que puede representarnos a todos, y entender a la mujer solo en cuanto mujer, un ser limitado a sentir y tener intereses propios de su género y capacitado nomás para hablar desde ese lugar”.
La Biblioteca y el trabajo de todas las personas que participaron en las dos entregas, se constituye de alguna forma en una rebelión contra ese prejuicio, en un llamado de atención para que posemos los ojos en nuestras autoras.
“Las dos entregas de la Biblioteca de Escritoras Colombianas suman 104 escritoras (y un colado). Ciento cinco escritoras clásicas para decir que Colombia tiene escritoras y que no vuelvan a faltar sus libros ni sus nombres. Ellas conforman nuestra tradición. Son las que abrieron camino y nos mostraron que era posible. Las que no se rindieron aun cuando lo tuvieron todo en contra”, concluye.
Otras miradas desde la literatura
El mundo y Colombia atraviesan dinámicas y transformaciones profundas de orden político, social y cultural. ¿Qué papel cree que juega o debe jugar la literatura escrita por mujeres en la forma en que repasamos nuestra memoria, entendemos nuestra realidad y proyectamos el futuro?
Alejandra Jaramillo (Bogotá, 1971)
El patriarcado generó una manera de ver el mundo, como poner un cierto velo que hacía que todas las personas creyéramos que las reglas del juego ya estaban inventadas, y su capacidad de ocultamiento de otras maneras de ver fue tan absoluta que yo recuerdo cuando entré a estudiar literatura en los años 90, que nuestros profesores se atrevían a decir que durante muchos siglos del pasado no había mujeres escritoras.
Pero estas afirmaciones eran solo un velo, una manera de ver y cuando por fin lo fuimos corriendo, descubrimos que había otro mundo, otras verdades que se mostraban a nuestra nueva forma de mirar.
Creo que cada escritor o escritora es libre de decidir qué escribe. No creo que haya una responsabilidad que se nos imponga, pero sí estoy convencida de que en la vida vamos corriendo velos que nos llevan, a mí por lo menos, a entender que la escritura puede iluminar lo que durante mucho tiempo no se quiso ver, y en ese momento sé que tengo un compromiso con las vidas ocultadas del patriarcado.
Me siento responsable, libremente responsable, de hurgar el alma humana, la literatura, la historia para encontrar lo que antes no se había visto. Y esa creo que es una apuesta de la literatura por ir cada vez más allá de donde se ha ido hasta el día que uno empieza a escribir un texto.
Claudia Valero (Bogotá, 1991):
Es importante, aún hoy, -sobre todo hoy- con los espacios conquistados y las discusiones iniciadas, que la escritura hecha por mujeres tenga varios lugares, porque por mucho tiempo no fue así y la amenaza sigue acechando. Existen relatos, perspectivas, contrapuntos de la historia que no existieron ni existen en el dominio público de los temas, porque se han clasificado como irrelevantes o demasiado peligrosos e incómodos, y no como sensibilidades esenciales en nuestra idea de la experiencia humana.
Las mujeres escritoras no solo inciden con su escritura en la percepción de la memoria, el registro histórico y la anticipación del futuro, su sola presencia y persistencia en el espectro social y político como creadoras, recolectoras y especuladoras del lenguaje es una agencia que necesita prevalecer y abrir campo a todo aquello que necesite espacio para ser temido, comprendido, apropiado y transformado en un impulso de necesaria vitalidad y entereza ante un mundo que tiende a ensanchar sus grietas, llevándose todo intento espiritual por delante.
Lorena Salazar Masso (Medellín, 1991):
Me parece que la pregunta sobre qué papel juega la literatura en lo político, social y cultural, que se hace en muchos espacios de conversación cultural, pasa por alto que la literatura misma incluye lo político, social y cultural, aunque en cada escritura se manifieste de forma diferente. Un texto no solo es político porque se refiera de forma concreta a las realidades sociales de un país, sino también por el acto de escribir, que es político en sí mismo, que demanda otra forma de pensar las cosas, y que revela, en las elecciones de forma y fondo de quien escribe, el mundo en el que vive, sus anhelos y la historia que carga.
La literatura no “debe” jugar ningún papel porque ya lo contiene todo. Cada persona que escribe debe ser fiel a sí misma y permitir que sus intereses, preguntas y deseos se manifiesten a través de sus historias, sea que traten de la fabricación de telas y cortinas o de la pobreza de un pueblo. Tampoco creo que ambas cosas estén tan separadas.
Quizás este tipo de cuestionamientos ponen a competir diferentes tipos de escrituras, cuestionan cuál es más relevante para el mundo, dadas las circunstancias, pero lo importante es que la literatura exista, que sigamos leyendo. Entonces, el papel de la literatura es que siga existiendo, que continúe viva.





