“Una vez le dije a mi mamá que quería un laboratorio. Yo no quería tener una consola de videojuegos que era lo que estaba de moda en esa época, sino un espacio para hacer experimentos”, recuerda Javier Correa Álvarez, biólogo, docente de la Universidad Eafit y uno de los investigadores colombianos que integran la campaña 2025/2026 de la XII Expedición Antártica Colombiana.
Javier tenía 8 años cuando su mamá, Gladys Álvarez, y su papá, Javier Correa Hernández le construyeron un laboratorio al lado de su habitación.
El espacio tenía un mesón, algunos tubos de ensayo y un microscopio.
“A mí me gustaba empelicularme, ver qué pasaba, qué podía ver o hacer jueguitos de ponerle al agua diferentes colores”, cuenta Correa.
Esa curiosidad por los experimentos y la investigación, lo llevó a estudiar Biología en la Universidad de Antioquia y a inclinarse por la genética molecular de las plantas. Realizó su maestría también en Biología y su doctorado en Biología Genética y Molecular. Es decir, su trabajo se ha enfocado en analizar y comprender el código genético que tienen los organismos vivos para descifrar cómo reaccionan a su entorno o identificar la herencia de sus antepasados.

Con base en ese conocimiento, el profesor Javier Correa fue elegido como uno de los investigadores colombianos encargados de viajar a la Antártica a estudiar la adaptación de gusanos marinos, llamados poliquetos, a cambios extremos de temperatura y el pH del océano. Los poliquetos serán expuestos a condiciones climáticas que son pronosticadas para las siguientes décadas, debido al descongelamiento causado por el calentamiento global.
“Si el Amazonas es el pulmón del planeta, el Polo Sur es el corazón porque literalmente bombea todas las corrientes oceánicas del mundo. Entonces, si se descongela, se crea un desequilibrio que puede terminar en catástrofe”, explica Correa.
El estudio de estos gusanos permitirá entender cómo logran sobrevivir y, “si en algún momento llega esa situación, podemos hacer que ese ecosistema se mantenga estable para que los otros organismos también se adapten”, afirma el biólogo.
Para Javier Correa, lo que empezó como un juego a sus 8 años, hoy a sus 43 es la pasión profesional que lo llevará a viajar a más de 7.000 kilómetros de Medellín.
¿Por qué una expedición a la Antártica?
La Antártica es el continente más frío y seco, con mayor altura sobre el nivel del mar y donde menos del 1% de su superficie está libre de hielo. Allí se encuentran millones de pingüinos, focas, ballenas y otras especies capaces de sobrevivir a su clima extremo. Sin embargo, no hay osos polares, ya que estos se encuentran en el Ártico, en el Polo Norte.
El 1 de diciembre de 1959 —hace casi 67 años— se firmó el Tratado Antártico, el cual establece que la Antártica es el único lugar que no pertenece a nadie y al cual se le asegura la libertad de investigación científica y la promoción de la cooperación internacional con fines científicos, para garantizar que el continente tenga usos exclusivamente pacíficos.
Cada año, durante el verano entre los meses de noviembre y marzo, investigadores y científicos de diversas disciplinas viajan desde diferentes partes del mundo para llevar a cabo misiones establecidas por el Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR). Colombia ya ha hecho 11 expediciones y el 6 de diciembre de 2025 empezó su doceava expedición.
La campaña 2025/2026 de la XII Expedición Antártica Colombiana, a la que se unirá el biólogo Javier Correa Álvarez, inició con la navegación del Buque ARC Simón Bolívar, una embarcación hecha en Colombia y tripulada por colombianos. En ese viaje zarpó Mario Londoño, docente de la Universidad de Antioquia, compañero de Correa y uno más de los investigadores que estudia a los poliquetos.
La investigación de los poliquetos está a cargo del grupo de investigación de Limnología Básica y Experimental y Biología y Taxonomía Marina de la Universidad de Antioquia, del que hacen parte Idalyd Fonseca y Mario Londoño; se suma el Grupo de Biociencias y Tecnología, al que pertenece Correa; y el Instituto Antártico Chileno con el investigador Alejandro Font.
Sin embargo, la investigación viene desde 2020 con una primera recolección de moléculas del gusano marino que fueron traídas hasta Colombia para analizarlas. Pero en esta ocasión, se busca estudiar sus genes en tiempo real. Según explica el biólogo, los poliquetos miden aproximadamente 2 centímetros —como la falange de un dedo—, pero en ese pequeño organismo hay unos 40.000 genes (los humanos tenemos alrededor de 25.000) que contienen la información necesaria para adaptarse a los cambios extremos de temperatura y de ph del océano.
Para llegar a la Antártica, Javier Correa deberá viajar primero hasta Santiago de Chile, luego hacer una parada en Punta Arenas y, finalmente, se espera que llegue a inicios de marzo a la Isla del Rey Jorge en la Antártica, donde pasará tres semanas realizando las pruebas. “A mí me pasa algo siempre y es que yo no asimilo las cosas hasta que ya están ahí. Entonces, es como ‘¡Ay! Sí, subámonos a esa montaña rusa’ y después es ‘¿Por qué me subí acá?’. Pero sí estoy muy emocionado porque muy pocas personas tienen la oportunidad de ir y hacer este tipo de investigaciones”, afirma Correa.





