En una región donde tantas veces hemos sido testigos de la generosidad, surge una pregunta incómoda:
¿Cuántas de nuestras donaciones, fundaciones o proyectos de impacto realmente transforman vidas y cuántas, sencillamente, tranquilizan nuestra conciencia?
Medellín y Antioquia saben de solidaridad, de fraternidad, de abrazos en medio de la desolación. Pero aquí también le conocemos el rostro a la desigualdad. La inseguridad alimentaria afecta al 27 % de los hogares en el departamento; uno de cada cinco trabajadores antioqueños vive del “rebusque” y el 8 % de los habitantes de la región sigue en pobreza extrema, lo que indica que más de 550.000 personas sobreviven con menos recursos de los mínimos necesarios y sufren privaciones múltiples y estructurales [1]. No se trata solo de estadísticas: es la frontera que separa los sueños de un futuro mejor de las vidas condenadas a la frustración.
Durante años celebramos la ayuda rápida y la donación sin preguntas. Regalamos mercados, subvencionamos becas, llenamos paredes con placas de reconocimiento. Pero si el éxito solo se mide por la foto de entrega y no por el resultado sostenido, ¿no estaremos entretenidos en la caridad mientras perpetuamos la dependencia? La filantropía cómoda a menudo da respuestas inmediatas, pero descuida las causas de fondo. Recientemente en el GIIN Impact Forum en Berlín, Richard Azarnia, cofundador de The Good Investors, insistía en una pregunta:
“¿Lo que hacemos le sirve de verdad al beneficiario o le es útil solo a nuestro ego?”.
Hoy necesitamos otra conversación y reconozco que no es cómoda. Lidero una organización social que también recibe aportes en donación, que también presenta campañas para recurrir a la solidaridad de muchos y que todos los días se cuestiona sobre la diversificación de ingresos. Sé, por eso mismo, que debemos atrevernos a hablar de los retos actuales del sector social asociados a la financiación y a la medición rigurosa.
En One Inversión Social creemos que el verdadero impacto se prueba en resultados y que eso implica ir más allá de lo urgente. Exige preguntas difíciles y la valentía de abrazar la incomodidad cuando las respuestas duelen.
Esta columna es la primera que publico sobre temas que me apasionan y también me cuestionan, de los que aprendo cada día y sobre los que tiendo una invitación para que dejemos de aplaudir la ayuda que perpetúa la necesidad y celebremos juntos el cambio verdadero.
¿Qué pasaría si como ciudad exigiéramos a todas las iniciativas sociales una claridad esencial sobre su impacto? Transformar es una tarea que exige humildad, rigor y osadía para ir más allá de las buenas intenciones.
¿Estamos dispuestos a hacernos preguntas difíciles? ¿Nos atrevemos juntos?
- [1] Informe Calidad de Vida de Antioquia 2024





