Cuando trabajas todos los días con cultura organizacional, empiezas a ver cosas que se repiten. Patrones. Frases. Gestos. Silencios. Y llega un momento en que compartirlo se vuelve inevitable. Porque si otros lo ven antes, pueden ahorrarse tiempo, presupuesto y frustración.
Hay empresas que no tienen problemas de cultura. Hay empresas que no logran impulsar su negocio porque no saben dónde está el nudo. Y les digo, por más que usen la mejor encuesta, el Ferrari de las mediciones… así no lo van a encontrar.
Puedes tener el instrumento más sofisticado, el más validado. Pero si no sabes qué estás buscando, lo que vas a encontrar es tranquilidad mental. No transformación.
Medición de cultura: check. Pero el nudo sigue ahí. Invisible. Tensando. Frenando.
Por eso hoy quiero alejarme de la idea de que la cultura son cuatro pilares, declaraciones o valores en la pared. La cultura la hemos visualizado como un tejido. Y como todo tejido, tiene capas que se entrelazan con diferentes niveles de profundidad:
- Una capa central, el Core: donde viven la estrategia, el propósito, el ADN y el cliente.
- Una capa funcional: liderazgo, estructura, toma de decisiones, innovación, contribución.
- Una capa social: seguridad psicológica, conversaciones, comunicación, adaptabilidad, reconocimiento.
- Y una capa emocional, la más visible y la más subvalorada: empoderamiento, orgullo, conexión, rituales, símbolos, narrativas.
Observar cómo se conectan estos elementos en cada organización con método y ciencia nos permite encontrar nudos… o atajos. Y ahí empieza el verdadero trabajo. Esto permite que la conversación de las brechas entre la cultura actual y la deseada evolucione. ¿Qué tal que en esas brechas no aparezca el nudo que tiene la compañía? ¿Qué tal que la cultura deseada deje por fuera elementos importantes de ese tejido que no observaste porque no quedaron en la definición?
Porque muchas veces el esfuerzo está, pero no en el lugar correcto. Pones toda la energía en ejercicios de teambuilding, y el resultado no llega porque el nudo está en la estructura. Diseñas rituales hermosos, pero nadie entiende la estrategia. Conectas con propósito, pero la comunicación es confusa. Tienes la estrategia clara, pero no hay símbolos que la sostengan. Trabajaste arduamente en la estructura y el NPS en el piso. Iniciaste un proceso de liderazgo y no tuviste en cuenta eso que te hizo llegar hasta acá como negocio.
Y entonces la aguja no se mueve. Porque estás tirando de un hilo que no está atado al nudo que frena todo. O peor aún estás ignorando el hilo que impulsa todo.
Este modelo que hoy usamos para leer y acompañar organizaciones no nació de la noche a la mañana. Nos tomó años de trabajo, de escucha, de ensayo y error. Antes de ser modelo, fue intuición, experiencia, y muchas conversaciones incómodas. Es un modelo con ciencia, sí. Pero que necesita conciencia para funcionar.
Conciencia para ver lo que no se ve. Para nombrar lo que no se nombra. Para desatar lo que está tensando el tejido sin que nadie lo note.
Impulsar la cultura no es decorar el negocio. Es mirar hacia adentro. Es tener el coraje de decir: “Este nudo está aquí. Y lo vamos a desatar.”
Porque cuando lo haces, el tejido respira. Y el negocio… también.





