La llegada de nuevas industrias a los nueve municipios del valle de San Nicolás (Rionegro, El
Carmen de Viboral, El Retiro, El Santuario, Guarne, La Ceja, La Unión, Marinilla y San Vicente
Ferrer), que se unen a las que ya existían en el Oriente antioqueño, constituye no solo un factor
de desarrollo, sino también una presión sobre los recursos naturales en esta subregión.
A ello se suma el aumento poblacional, reflejado en la gran oferta de vivienda urbana nueva y
parcelaciones en zonas rurales o semirrurales, que requieren abastecerse, entre otros recursos, de agua. Pero no todo el líquido que necesitan los habitantes de la región y las industrias se puede encontrar en los cuerpos de agua que están en la superficie. Buena parte está bajo tierra.
La Corporación Autónoma Regional de los Ríos Negro y Nare (Cornare) y la Universidad de
Antioquia realizan desde noviembre del año pasado un trabajo de investigación que contempla, en su fase inicial, la entrega de un inventario de agua subterránea, que finalizó la semana pasada, aunque los resultados no se han dado a conocer.
El estudio busca ahondar en el conocimiento del agua subterránea, saber dónde están ubicados los acuíferos, cómo se extrae el líquido, cuándo y cuánto, para contribuir a fortalecer la gestión.
Teresita Betancur Vargas, investigadora de la facultad de ingeniería de la Universidad de Antioquia y experta en hidrogeología explica que, en el pasado, las grandes industrias del valle de Aburrá se asentaron al lado del río y usaron el agua para sus necesidades.
Cuando se movieron hacia el Oriente antioqueño hicieron lo mismo, pero vieron en el agua
subterránea una posibilidad y por eso crearon pozos de los cuales extraen el recurso. En cuanto a las parcelaciones, decidieron resolver también sus requerimientos recurriendo al
agua subterránea como la principal fuente.
Teresita Betancur explica que el ciclo hidrológico serenueva, es decir, llueve y el agua se escurre hacia las quebradas o se estanca en la superficie y se evapora, y algo del líquido se infiltra al suelo y llega al agua subterránea.
“Cuando hablamos de una planificación del uso la clave es no gastar más de lo que tenemos. Por ello es importante contar cuánta agua pasa de lo que llueve al acuífero y establecer
lo que denominamos la recarga”, dice.
Recomienda controlar las concesiones y velar porque, lo que se aplica en el suelo no lo
impermeabilice y permita que el agua pueda infiltrarse sin complicaciones.Tener pozos sépticos bien manejados, hacer una buena disposición de los residuos sólidos y
mantener los cultivos con técnicas agrícolas adecuadas para evitar fertilizantes y abonos, son
otras de las recomendaciones para proteger el agua subterránea.
En julio, cuando termine el estudio, se entregará el diseño de una red de monitoreo de los
acuíferos en la subregión. Entonces se conocerá mejor y habrá mejores herramientas para seguir utilizando este recurso y a la vez brindarle protección. Porque, como dice Teresita, quien lleva más de 27 años dedicada a la investigación del agua subterránea, el agua es un recurso que se renueva, pero si no la usamos bien, se convierte en no renovable.





