Veinticuatro negro: para no olvidar

Durante más de dos décadas la violencia, en todas sus formas, azotó al Oriente antioqueño. En un relato de memoria, la tercera edición de Veinticuatro negro consigna ocho de esas historias de dolor.
Por: Eduardo Bermúdez Pérez
13 noviembre, 2025
Como su nombre, María Dolores Londoño encarna una tragedia como pocas en Colombia, tres de sus hijos están desaparecidos desde los años 90. Ella es integrante del colectivo Madres de La Candelaria, de Medellín. Imagen carátula tercera edición Veinticuatro negro, 2025. Foto: León Darío Peláez Sánchez (cortesía autor del libro).

El 24 de diciembre de 2000, Guillermo Zuluaga Ceballos, comunicador social y periodista, se encontraba de regreso en su tierra natal, San Vicente Ferrer, Oriente antioqueño, para pasar nochebuena con su familia. 

Antes de las 10:00 de la mañana de ese domingo, la algarabía del mercado callejero se confundía con la música popular, tropical y decembrina que retumbaba en los cafés y cantinas del pueblo.  

Pero después de esa hora todo fue confusión, tristeza y drama: en los albores de ese día, en la vereda La Floresta, distante a 20 minutos del casco urbano, un grupo paramilitar había masacrado a ocho campesinos. 

La noticia paralizó a todos sus habitantes, las rockolas se silenciaron, la natilla quedó servida y la neblina, tan característica en esa localidad, se tornó más gélida y sobrecogedora. Todas las festividades previstas para esa Navidad se cancelaron; el llamado “Pueblo blanco” se vistió de luto.  

Guillermo, egresado de la UdeA, y para entonces estudiante de la maestría de Historia en la UNAL, Medellín, entendió que debía narrar este doloroso episodio y otros hechos de violencia registrados en el territorio. Así nació Veinticuatro negro, un libro que recoge ocho historias asociadas al impacto del conflicto armado en el Oriente del departamento.       

“Entre 2000 y 2006 adelanté reportaría e investigación; en 2007, salió la primera edición. En 2018, sacamos una segunda entrega. Y en este 2025, cuando se conmemora un cuarto de siglo de esta masacre publicamos una tercera edición. Volvimos a esos sitios para saber qué ha pasado con las víctimas y cómo están esos lugares 25 años después. Fue una labor de reconstrucción histórica de lo sucedido”, comentó el autor.  

En la contraportada de la obra, el escritor Gilmer Mesa indica: “… es un libro bien escrito, con letra clara y además ahonda en los temas más profundos y urgentes de nuestro contexto… como sociedad no deberíamos necesitar que se escriban libros como este, en el que la sangre (…) nos divide como un río bermejo y hostil …”. 

Él se refiere al texto como un libro “malo”, pero no por su concepción, desarrollo o narración, sino porque, según Mesa, hubiese sido mejor que obras como estas, que narran dolor y tragedia, no existieran en la sociedad colombiana. Sin embargo, admite, que se tienen que escribir, porque es necesario escribirlas para que hechos como los que escruta y denuncia Veinticuatro negro no queden cubiertos por el manto del anonimato y la impunidad.

“Aborda de frente la enorme tragedia que representó el conflicto armado en el Oriente de Antioquia, y lo aborda desde la orilla de las víctimas, un valor adicional de este libro, que se revela útil en el momento actual, dedicados como estamos a tratar de entender qué nos pasó, cómo podemos salir del hueco, y lo más importante: qué hacer para no repetirlo”, afirmó Ricardo Aricapa, periodista y escritor.

A la vieja usanza, así como se hace el reporterismo de escuela, Zuluaga Ceballos, recorrió caminos pedregosos, montes inhóspitos y montañas agrestes para llegar hasta los lugares donde sucedieron las historias. Dice, se fundió en los ríos de dolor de sus protagonistas.  

Con libreta en mano, una cámara, aún de rollo para la época, y una grabadora periodística de casete, llegó hasta parajes alejados de los municipios de San Luis, Cocorná, San Carlos, San Rafael, Concepción, El Peñol, La Unión, Argelia y San Vicente Ferrer, donde evidenció, con testimonios de las víctimas, que, a pesar de los años, muchas de las heridas, todavía siguen abiertas.  

“La tragedia que se vive en nuestra patria se cantará diez, cien, mil veces cada vez, con más voces y más fuerte; y de tanto repetirla, cuando el lector único se dé cuenta de que no está solo, se despojará del miedo, no de la tristeza, y podrá levantar la voz para exigir justicia”, detalló, en el prólogo de la primera edición, Patricia Nieto, periodista y escritora.   

Y es que eso es Veinticuatro negro, un documento de memoria histórica, que en ocho crónicas revela episodios que se entrelazan por la infamia de la violencia; pero, a la vez, es un homenaje para los miles de víctimas que hoy resisten con valor, dignidad y esperanza en nombre de aquellos parientes, amigos o vecinos que ya no están.   

3.200 personas están reportadas como desaparecidas en los 23 municipios del Oriente antioqueño  

Presentación tercera edición  

Este 13 de noviembre, en la Universidad Católica de Oriente -UCO-, monseñor Fidel Cadavid Marín, obispo de la Diócesis Sonsón-Rionegro, acompañó la presentación de la tercera edición de Veinticuatro negro, en la que al autor conversó con Carlos Mario Correa, también periodista y escritor, sobre reconstrucción de memoria histórica a partir de la crónica y la labor periodística.  

El libro Veinticuatro negro es una publicación del sello editorial Historias de Asfalto y está disponible en las librerías El Acontista y Grammata en Medellín; o con el autor de la obra, en el móvil 300 2140834.

Sigue búsqueda en cementerios   

Uno de los más execrables crímenes cometidos por los actores armados es el de la desaparición forzada, en muchos casos asociados a ajusticiamientos extrajudiciales o “falsos positivos”. En el Oriente antioqueño, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas -UBPD- y la Jurisdicción Especial para la Paz -JEP- han focalizado estas acciones de rastreo en camposantos de la subregión.  

20,5 % del total de desaparecidos de Colombia corresponde a casos denunciados en Antioquia

El drama de la desaparición también se cuenta en Veinticuatro negro. La UBPD y la JEP adelantan búsquedas en diferentes cementerios del Oriente antioqueño. Solo en San Rafael, en las tres últimas intervenciones, fueron recuperados 40 restos humanos que ya están en proceso de identificación. Foto: cortesía UBPD.  

Dos de esos procedimientos tuvieron lugar, recientemente, en los cementerios de San Rafael y San Antonio de Pereira, Rionegro, donde fueron exhumados tres y cuatro cuerpos, respectivamente, de personas sin identificar y que corresponderían a casos de desapariciones forzadas.  

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