De las últimas conversaciones con emprendedores y empresarios, lo que más me ha gustado es el interés honesto por las elecciones de este año.
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Hay muchas personas que votan como en piloto automático: por rabia, por miedo, por costumbre o por lo que vieron en una cadena de WhatsApp. No lo digo para juzgar; lo digo porque cuando votamos sin saber el por qué, en realidad alguien más está votando y tomando decisiones por uno.
Recientemente alguien me decía: “muchas veces no votamos por lo que queremos, sino en contra de lo que odiamos”. Y lo que termina pasando es que elegimos cualquier cosa con tal de que no gane la otra. Esa es una reacción que muestra nuestra fragilidad, no es ciudadanía.
Tradicionalmente, los emprendedores hemos estado muy alejados del tema político, pero hoy más que nunca estamos preocupados. La política es como el sistema operativo del país: define las reglas del juego, los impuestos y los trámites, la seguridad, el acceso al crédito, la confianza para invertir y la estabilidad para contratar.
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Conocer las propuestas y estar informados no nos hace expertos, pero cuando el voto es emocional y desinformado, genera incertidumbre. Y esa incertidumbre es muy cara para cualquiera que tenga un negocio, una familia o un plan de vida.
Un dato importante:
Según la Registraduría Nacional, la abstención en 2022 fue del 51,25 % en las elecciones del Congreso y del 43,43 % en las presidenciales. En 2023 fue del 42,11 % en las territoriales.
Estos números demuestran que, cuando no votamos, otras personas deciden por nosotros. Y después nos sorprendemos con las reglas, los entornos, los costos o nos quedamos con la sensación de que nadie nos representa.
Votar informados significa hacer lo mínimo que uno hace cuando toma una decisión importante en su vida o en su empresa: definir qué es lo importante (seguridad, empleo, educación, institucionalidad, salud, etc.) y analizar a los candidatos, qué han hecho, cómo se han comportado y qué tan coherentes son.
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Es un hecho que la relación entre el gobierno y los emprendedores ha sido más transaccional: el emprendedor como beneficiario y el Estado como quien entrega. Esto no es malo, pero es insuficiente para un país que necesita resolver problemas complejos y urgentes.
La lógica que necesitamos es la de un Estado que facilita, desarrolla herramientas y pone sobre la mesa problemas reales; y un ecosistema emprendedor que aporta soluciones efectivas, genera empleo y permite que la ciudadanía vea resultados.
El Estado tiene recursos, capacidad regulatoria y músculo institucional. Pero muchas veces le falta lo que el ecosistema emprendedor sí tiene: agilidad, creatividad aplicada, obsesión por el usuario y capacidad de ejecutar con foco en resultados.
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La política también es crear empresa. Y si la política define el sistema operativo, no podemos quedarnos por fuera de la conversación, y mucho menos por fuera de la decisión.
Vota a favor del futuro que quieres, porque si tú no decides, alguien decide por ti.





