La protección de la democracia no es un asunto exclusivo del Gobierno: es un elemento que se fortalece cuando más actores asumen un rol activo en su construcción y protección, el Estado somos todos. En ese sentido, las empresas aportamos desde la manera en que participamos en lo público y asumimos nuestra responsabilidad frente a lo colectivo.
En Grupo SURA entendemos que la fortaleza de una sociedad depende de instituciones confiables y de ciudadanos capaces de decidir con criterio. Por eso, creemos que el rol de las empresas no debe limitarse a la generación de valor económico, sino a contribuir a una sociedad más crítica, consciente y participativa.
Bajo esta perspectiva, las organizaciones privadas debemos hacernos permanentemente un llamado a la acción, participando en conversaciones públicas, aportando nuestro conocimiento para que se tomen decisiones que incluyan criterios técnicos para la construcción de bienes comunes, promoviendo el diálogo desde la diversidad y fomentando el debate respetuoso como camino para tramitar diferencias y construir acuerdos.
Este compromiso debe transcender a la empresa y al ámbito de sus negocios, y debe ser habilitador de iniciativas que generen conversaciones con multiplicidad de voces y miradas, promueven conocimiento y fomentan el pensamiento crítico, como Vivir la Democracia, de este medio; Imaginar la democracia, de Revista Cambio; Proyecto DIP, de la Fundación Ethos; y como los más de 3.200 proyectos que hemos conocido durante los cinco años de la convocatoria Pensar con otros, orientados a potenciar la cohesión social, la justicia, la equidad y la transparencia en diferentes territorios de América Latina.
Reconocer que el conocimiento y los centros de pensamiento son fundamentales para el fortalecimiento institucional y el desarrollo de políticas públicas, abre también la oportunidad para que, como empresa privada, podamos contribuir decididamente a que estos proyectos avancen y tengan impacto en las dinámicas sociales. En Grupo SURA creemos que las empresas debemos asumir un liderazgo en la construcción de ciudadanía y democracia, no como respuesta a coyunturas, sino como un proceso permanente que exige consistencia y constancia. Hoy, más que nunca, estamos seguros de que nuestro rol debe ser más activo y propositivo; y que fortalecer la democracia no es momentáneo: es un compromiso sostenido que se construye todos los días con la convicción de aportar al tejido social y a la construcción de país.





