Desde hace más de 150 años se ejerce el derecho al voto en Colombia. Sin embargo, las mujeres solo pudieron acceder a este derecho hace poco más de siete décadas.
Por mandato Constitucional, la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público; es entonces el voto esa expresión ciudadana donde se materializa un elemento esencial de la democracia.
El voto lo debemos mirar desde dos perspectivas: como un derecho y como un deber ciudadano. Cuando vemos el voto como un derecho ciudadano es esa posibilidad de elegir, a través de las urnas, a nuestros gobernantes, quienes toman las decisiones más importantes de nuestro país; es el poder ciudadano de elegir por quién queremos ser representados, un poder que no puede ser subestimado. Por su parte, el voto bajo la perspectiva del deber ciudadano es esa gran responsabilidad que tenemos de decidir “bien” o “mal” pero decidir nosotros mismos por quién queremos ser gobernados.
Elegir y ser elegidos, es otra consigna constitucional. Para ser elegidos es necesario pertenecer a un partido o movimiento político o buscar el aval ciudadano a través de grupos significativos de ciudadanos, algo que es más conocido como “lanzarse por firmas”.
Cuando se cuenta con una plataforma política, podemos encontrar voto preferente, que permite elegir directamente a un candidato dentro de la lista de un partido o movimiento político, mientras que el voto no preferente se limita a votar por un partido sin seleccionar a candidatos específicos.
En las elecciones presidenciales del año 2022, de 39 millones de colombianos habilitados para votar, sólo el 54.98 % de ciudadanos hicieron uso de su derecho al voto, y el actual presidente Petro, fue elegido por un 21.9 % de los colombianos habilitados para votar.
Votar no es simplemente un derecho, sino un deber y un compromiso con el presente y el futuro del país; es la forma más directa en que cada ciudadano puede incidir en las decisiones que orientan el rumbo de Colombia.
El poder está en tu voto.





