En cuatro años como operario de Flores La Isabelita, en el municipio de La Ceja, José Camilo Marín Rivera se ha ganado el aprecio y la admiración de sus compañeros.
Desde muy niño fue diagnosticado con un retraso cognitivo moderado, lo que no ha sido obstáculo en su vida. Con apoyo de su familia ingresó a la Unidad de Atención Integral (UAI), en esta misma localidad del Oriente antioqueño, donde afianzó sus habilidades de autocuidado y ganó autonomía funcional y comunicativa.
En la parte trasera de su camisa de trabajo lleva estampada una frase que dice “Somos tan diversos como las flores”. En su empresa, él es el símbolo del programa Florecer, una estrategia de inclusión laboral para personas con algún tipo de discapacidad.
“Trabajo de lunes a sábado. Vivo en el barrio Payuco y aprendí a venirme en bicicleta desde mi casa. Salgo a las 7:00 de la mañana y llego acá, a la vereda Yarumo, en 20 minutos. Me vengo con otros compañeros por la ciclorruta”, dice.
Para sus padres adoptivos, Darío y Silvia, José Camilo representa su mayor orgullo. Le gusta compartir momentos con sus hermanos Santiago, David, Javier, Sandra, Deivy y Jonathan. Con 23 años, él es el menor de la familia Marín Rivera.
“A una novia le regalaría rosas, que son las que le gusta a mi abuela Sofía”.
“Tenemos una finca en el corregimiento San José. Hay cultivos de aguacate y me entretengo mucho con ‘Martina’, una perra cruzada en pastor alemán”, cuenta.
Su labor en la empresa es fundamental para la elaboración final de los bouquets que llegan a los mercados de EE. UU. Él se encarga de abastecer de flores a los cientos de mujeres y hombres responsables de armar los ramilletes de exportación.
“Con unas instrucciones que me dan en una tarjeta surto las variedades de flores requeridas en ‘troles’ para el armado”, comenta.
Sueña con finalizar el bachillerato y hacer una carrera, ojalá una ligada a su labor: “La flor que más me gusta es el carnation (clavel) porque abre muy bonito. Todo lo aprendí en la huerta”, relata.
Agradece por la oportunidad recibida y destaca el valor de este espacio donde se siente importante, productivo, pero, sobre todo, incluido.
Una de sus mayores distracciones es ver tv. Se entretiene con películas, noticias y fútbol, en especial si juega Medellín, su equipo. Aunque por ahora no tiene novia sabe que flor que le llevará el día que se enamore: “Rosas rosadas que son las que le gustan a mi abuela Sofía”, expresa mientras se ríe.





