Los fines de semana, las carreteras del Oriente antioqueño cambian de ritmo. A los vehículos que recorren la subregión se suman grupos de ciclistas que llegan desde diferentes ciudades del país y del exterior para hacer sus recorridos. Muchos viajan en grupo, otros de manera solitaria, y convierten las rutas de municipios como Rionegro, La Ceja, Guarne, El Retiro, Marinilla, Guatapé y El Peñol, entre otros, en escenarios para sus jornadas de entrenamiento y recreación.
Ese movimiento hace que la bicicleta tenga un lugar cada vez más visible dentro de la oferta turística de la zona. El atractivo está en la combinación de deporte y paisaje: montañas, bosques, ríos, embalses y zonas de altiplano conforman un territorio diverso, con recorridos que ofrecen diferentes características y niveles de exigencia.
A la geografía se suma una ventaja fundamental: la conectividad. El Oriente antioqueño está articulado con Medellín y el Valle de Aburrá a través de corredores viales que conducen hacia sus principales municipios. Y en Rionegro está el aeropuerto internacional José María Córdova, una puerta de entrada que facilita la llegada de visitantes procedentes de otras ciudades y países.
“A los ciclistas extranjeros les encantan los paisajes de esta zona. Nosotros vendemos paquetes de varios días y los llevamos a hacer rutas por diferentes municipios e, incluso, que salen de acá hacia otros departamentos”, comenta el exciclista élite Karol David Torres, fundador y CEO de Karolo a Rueda, empresa encargada de vender paquetes de turismo y de acompañar ciclistas de Colombia y el exterior.
Solo en el Oriente antioqueño, Karolo a Rueda ofrece un tour de seis días con diferentes servicios incluidos como hotel, transportes al aeropuerto, kit con uniforme, moto o camioneta acompañante, masajista, mecánico, guía y fotografía profesional, entre otros.
Entre las rutas más frecuentadas está la de los embalses, que comprende San Vicente Ferrer, Alejandría, San Rafael, San Carlos, Guatapé y El Peñol. También está la ruta artesanal que incluye El Carmen de Viboral, Rionegro, El Retiro y Marinilla. Además de trayectos entre diferentes municipios o con salidas desde Medellín para hacer las subidas al Alto de la Virgen, El Escobero, Las Palmas o Santa Elena.
“En mi caso, yo viajo desde Cartagena y para mí es ideal que en el Oriente antioqueño se puede montar durante todo el día. En la Costa Caribe, durante el mediodía y hasta bien entrada la tarde, es imposible hacerlo. Además, la gente es muy cordial y eso hace la diferencia. Muchas veces no hay que bajar ni siquiera a Medellín. En esta zona está todo lo que uno necesita. Es muy similar a lo que hay en Colorado (Estados Unidos), pero con un clima más amigable”, asegura Ana Cecilia Ramírez, ciclista aficionada.
Para los grupos que llegan durante el fin de semana, la bicicleta puede ser el motivo principal del viaje, pero no necesariamente la única actividad. Una jornada de pedaleo puede integrarse con alojamiento, gastronomía, naturaleza y visitas a los municipios del Oriente. De esta manera, el ciclismo amplía las posibilidades de una región que ya cuenta con una oferta turística basada en sus paisajes, su riqueza natural y sus atractivos culturales.





