La frase puede interpretarse como un mecanismo de autoprotección frente a la violencia. Hoy funciona como precursora del analfabetismo político, al relegar a la ciudadanía al ejercicio electoral. Contrario a lo que se cree, el silencio no reduce el conflicto ni permite que funcione de forma productiva; por el contrario, favorece a quienes sí organizan narrativas políticas.

Callar, entonces, despoja a la ciudadanía de su mejor herramienta: el diálogo, y abre espacio a las cámaras de eco, las fake news y a una indignación sin acción que, según la filósofa española Adela Cortina, impide resolver las injusticias y paraliza a los ciudadanos.
La encuesta Cuidar la democracia*, liderada por 11 universidades y 3 organizaciones de la sociedad civil, mostró que, dentro del top 5 de los factores que inciden en el funcionamiento de la democracia, la ‘participación en las decisiones políticas’ y la ‘libre discusión de las ideas’ ocupan el segundo y cuarto lugar, respectivamente.
Estos resultados evidencian la necesidad de fortalecer el diálogo hacia una suerte de ‘aurea mediocritas’ (‘dorada mediocridad’): un punto en el que las ideas superan los extremos viciosos y los desacuerdos se asumen como condiciones propias de una democracia deliberativa, propuesta por Jürgen Habermas. Desde esta perspectiva, se trascienden las emotividades y las verdades absolutas en favor del pensamiento crítico y de la creación de condiciones para la confianza social y mejores decisiones colectivas, pues dialogar también es educar políticamente.
En su último discurso como rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno afirmó:
“Vencer es convencer. Pero no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, ese odio que no deja lugar a la inteligencia”.
Así, familias, vecinos, líderes barriales y maestros somos corresponsables de la educación política y de la práctica de valores como la tolerancia democrática, el respeto por la diferencia y los derechos humanos, así como del rechazo a la violencia. No se trata de “darles la razón a todos”, sino de cómo convivimos cuando no la tenemos.
*Encuesta de la que también hablamos en la columna de opinión de esta separata.
La ‘dorada mediocridad’
‘Aurea mediocritas’ significa ‘dorada mediocridad’ y representa la búsqueda del justo medio, la moderación y la satisfacción con lo suficiente, evitando los extremos y los excesos.
Según explicación de la Real Academia Española, el término latino alude a un estado de equilibrio y moderación, donde la persona vive satisfecha con su bienestar relativo, sin envidia ni codicia, y evita tanto la ambición desmedida como la pobreza extrema de espíritu o recursos. No se trata de mediocridad en el sentido negativo, sino de elogiar la vida equilibrada y tranquila, valorando la simplicidad y la mesura.





