El populismo en América Latina surge como una manera de modernizar el quehacer político con los sectores populares y como una forma de confrontación del pueblo contra las élites. El término articula tres prominentes tradiciones: la ideológica, la discursiva y la sociopolítica. Desde el enfoque ideológico, el populismo se define como una ideología delgada que concibe la sociedad dividida entre un “pueblo puro” y una “élite corrupta”, y que sostiene que la política debe expresar la voluntad general del pueblo.
Desde la perspectiva del discurso, Laclau lo explica como la construcción de un significante que genera fronteras entre el nosotros/ellos. Desde lo sociopolítico, el populismo es un estilo político y estratégico, cargado de pensamientos, emociones y comportamientos que dirigen el discurso y movilizan a la ciudadanía con actitudes que pueden generar polarización.
Esta se manifiesta de diferentes maneras, principalmente la ideológica, a partir del distanciamiento programático y doctrinal entre opciones políticas. Suele acompañarse de la polarización emocional manifiesta en discursos negativos, deslegitimadores o de rechazo.
En la política, corresponde a las personas identificar y analizar la información, pensar críticamente y generar alternativas que conduzcan al consenso y la sana participación democrática.





