Aunque las palabras ‘asombro’ y ‘curiosidad’ se han desarrollado ampliamente en el ámbito académico, en la mayoría de las Instituciones de Educación Superior (IES) aún parecen estar en una fase inicial, ya que no se tiene claro su uso como motor de exploración y como fermento del pensamiento crítico fundamental para el aprendizaje. Por eso, en 2026 la pregunta clave para las IES en Colombia no es ¿qué sigue al asombro y la curiosidad?, sino ¿cómo hacemos para que estas palabras, realmente, se potencien? Con ese fin, presento tres acciones.
La primera consiste en instaurar un lenguaje común en la comunidad universitaria, entendiendo el asombro, no como una emoción, sino como una disposición epistemológica vital en la experiencia académica de los estudiantes. Sentar las bases para que toda la institución universitaria pueda internalizarlo. Esto comienza con liderar con el ejemplo y adoptar el asombro en la institución, rediseñando y reimaginando toda la arquitectura de los procesos académicos institucionales: la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación.
En la segunda, es fundamental rediseñar las experiencias de aprendizaje que fomenten la curiosidad, centrando la atención en lo pequeño como puerta de entrada a la exploración de lo que nuestros estudiantes desconocen.
Finalmente, la tercera consiste en adaptar la disrupción educativa a las nuevas apuestas tecnológicas e informáticas. Solemos escuchar en los pasillos que vivimos en un momento de transformación en la educación superior, impulsada por el cambio profundo de la tecnología y las nuevas demandas sociales. Esas apuestas rompen con modelos tradicionales de formación para centrarse en el estudiante, personalizar el aprendizaje, integrar herramientas como la IA y repensar modelos de entrega que sean más pertinentes y accesibles.





