El Retiro, pueblo que trazó a pulso mi lejana pariente Javiera Londoño Zapata, resalta no solo por su belleza, sino por su propuesta musical, cultural, gastronómica, de caminatas, de cabalgatas y por sus afamados muebles, que llaman la atención de propios, ‘arrimados’ y visitantes.
A todo esto, súmele la deliciosa costumbre de madrugar los sábados, domingos o lunes festivos, para escoger quiosquito en el parque lineal que le hace reverencia al río Pantanillo, el cual, entre otras, le ganó el pulso a la quebrada La Agudelo, porque cuando se juntan en el sector del parque del Agua y La Madera, el ‘carisellazo’ para escoger un solo nombre lo ganó el primero.
La gran mayoría de ‘clientes’ vienen desde la Bella Villa, provistos de tantas cosas como si se tratara del costal de un loco, entre ellas, la olla del sancocho, mantel plástico con frutas pintadas, el generoso revuelto, platos, cucharas y sillas plegables.
Lo primero es recoger palitos en todas las formas para encender el fuego; hacer que los señores, además de hablar de fútbol, pelen papas, yucas y plátanos; las señoras, que no solamente mandan en su cocina, sino también en la manga, disponen el morrillo y el espinazo para los mayores, y los contramuslos de pollo para los más ‘sardinos’.
A la una de la tarde se oye el consabido grito ¡Listo el sancocho! y todos a manteles; y como la mejor sobremesa para un sancocho es la siesta, algunos se apuntan estirados sobre la manga y cruzando una mano debajo de la cabeza como almohada.
Cae la tarde y comienza la recogida de trastos y de todo lo que se explayó en la mañana. Algunos son juiciosos y disponen de bolsas para la basura y la cuelgan en el clavito indicado para darle altura y evitar que los perros hagan de las suyas. Otros simplemente salen y se van sin siquiera mirar atrás.
Pues bien, esta costumbre se suspendió hace varios meses, porque la administración municipal hizo realidad lo prometido: construir un nuevo parque lineal con bombos y platillos. Las obras están que dan “punto”, y constarán de ciclovía, sendero peatonal, renovación de puentes, siembra de árboles, modernos quioscos, espacios para compartir ideas, baños, canecas de basura, juegos infantiles, gimnasios, etc.
Así las cosas, dentro de poquito, esos elegantes quioscos van a ‘estrenar’ sancocho; los caminantes por fin tendremos senderos 4G; y los niños pondrán a prueba los modernos juegos. Mejor dicho, un parque lineal propicio para unos agradables retiros corporales y hasta espirituales, por el arrullo de la quebrada, lo apacible del lugar y la tranquilidad del pueblo. Y todo sin necesidad de pedir permiso ni dar las gracias.
Posiblemente, los que tenemos “ciudadanía guarceña” nos antojemos, un día de estos, de ‘estrenar’ sancocho. ¿Quién quita?





