A Mateo Giraldo, el terremoto del pasado 10 de agosto lo sorprendió en su lugar de trabajo: un reconocido gimnasio y centro de acondicionamiento físico ubicado en Llanogrande, cuyas instalaciones no sufrieron daños estructurales.
En contraste, él y su familia, conformada por sus padres y su hermano menor, vivieron una situación muy particular, casi única, que es la de contarse entre los pocos habitantes del Oriente antioqueño que debieron desalojar preventivamente su hogar, en un moderno edificio de apartamentos.
Este joven de 27 años, que labora como entrenador personal, hasta ese día fatídico vivía con los suyos en el apartamento 401, del edificio Torres del Rosal, una construcción en Rionegro de cinco pisos, levantada en cercanías a la sede principal de la Universidad Católica de Oriente (UCO).
“Cuando llegué a la casa me encontré con que los Bomberos de Rionegro y otros funcionarios estaban en el edificio y habían ordenado evacuarlo; eso fue un cambio de rutina del cielo a la tierra, más el nerviosismo que nos afectó a todos, especialmente a mi mamá, que estaba en ese cuarto piso. Más allá de eso, físicamente no nos pasó nada”, recuerda Mateo.
Gestión del Riesgo
Andrés Pérez, jefe de la Oficina de Gestión del Riesgo de Rionegro, también recuerda este caso. “Acababa de pasar el terremoto y recorrimos las calles con un grupo de ingenieros para revisar precisamente los daños en las estructuras. Por un reporte, llegamos a Torres del Rosal y vimos que seis de sus columnas estaban agrietadas. Por eso se decidió la evacuación preventiva, que todavía mantenemos”, explicó.
El funcionario agregó que se hicieron recomendaciones a la administración de esa propiedad horizontal y a los copropietarios. “Sugerimos un peritaje estructural, un estudio de vulnerabilidad sísmica, y como medida complementaria, conseguir una firma idónea que les haga un retaque para alivianar las cargas a las columnas afectadas”.
Andrés Pérez indicó que todas estas acciones deben ser asumidas por los propietarios. “Se hizo el retaque y por eso, hace más de un mes, se permitió que quienes quisieran sacaran sus enseres, con la supervisión de funcionarios municipales. El resultado y las recomendaciones de los estudios estructurales no los conocemos todavía, pero deberán ser tenidos en cuenta para volver a hacer habitable el edificio”.
Gracias a esta autorización para sacar enseres y muebles, Mateo Giraldo y su familia pudieron completar su trasteo a una nueva casa en Marinilla. “Es el único caso a la fecha de un edificio de apartamentos que tuvimos que desalojar preventivamente. Se han dado evacuaciones, pero de casas de un piso, que ya estaban en mal estado, en San Antonio de Pereira y el sector de los tanques. Seguimos haciendo visitas de evaluación y no sabemos qué más nos encontremos”.

DAÑOS EN PATRIMONIO
En Sonsón, la Casa de la Música presenta daños estructurales y de fachada (grietas extensas, lesiones diagonales, separación de muros), así como afectaciones en cubierta y soportes, por lo que está en cierre preventivo con estabilización y apuntalamiento inmediato de los sectores críticos. Por su parte, la Casa de la Cultura carmelitana presenta fisuras en muros, vigas y columnas, con un punto crítico en un muro del segundo nivel que compromete un aula, actualmente fuera de servicio. Se proyecta un diagnóstico estructural, reconstrucción del muro comprometido y reparación de cubierta y acabados. Las intervenciones estarán a cargo del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, que no ha definido tiempos de ejecución ni costos estimados.





