Ya estaba avanzada la noche cuando uno de los hijos escuchó girar la llave en la puerta de la casa. “Llegó”, dijeron casi a una sola voz y todos corrieron a sus camas, apenas con el tiempo suficiente para fingir que dormían. Cuando la luz del cuarto se encendía, el corazón parecía salirse del pecho.
A veces, solo a veces, tenían la suerte de que el hombre pasara de largo hacia su cuarto y se quedara dormido, después de vociferar insultos contra su madre. Pero si no era así, la habitación se llenaba de un vaho de alcohol y alguna de las camas recibía el impacto de un cuerpo que caía en su intento de sentarse.
A punto de irse al piso desde el borde de la cama, el hombre acariciaba el rostro de alguno de los hijos mientras maldecía sus errores o se lamentaba por la mala suerte de haber convertido en su pareja a la madre de los pequeños.
La historia podía repetirse varias noches a la semana con algunas variaciones. Algunas veces, el hombre se cansaba pronto y se marchaba a dormir. En otras noches, la situación se extendía y la madre tomaba fuerzas para sacarlo del cuarto, a los gritos, mientras los menores cocinaban sus miedos y sus rencores debajo de las cobijas.
Con el paso del tiempo los hijos crecieron, se hicieron hombres y mujeres. Lo enfrentaron. Y al fin, un día cualquiera, en una fecha que ninguno podría precisar, el hombre dejó de ser el monstruo que cada noche los visitaba en su casa. Pero el daño estaba hecho y habría de perdurar en esa familia que vio cómo algunos de sus miembros fueron a la cárcel o murieron de forma violenta.
No es un relato de ficción. Tomo prestada, con su venia, la historia de un amigo de infancia que refleja el impacto de la violencia intrafamiliar en una sociedad que ha padecido, además, las secuelas del conflicto armado.
Entre enero y octubre del año pasado, el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila) registró 12.950 valoraciones por violencia intrafamiliar en Antioquia, lo que representó un incremento del 4,7 % (12.431 valoraciones) frente al mismo periodo del 2024. De esos casos, 1.574 ocurrieron en el Oriente antioqueño.
Frente a esta realidad, cobra mayor importancia el reconocimiento que el Ministerio de Justicia y del Derecho le hizo a la estrategia ‘Masculinidades y feminidades cuidadoras: sanción pedagógica para la transformación de las violencias intrafamiliares desde un enfoque de género’, que disminuyó en 97,4 % la reincidencia de las personas involucradas en hechos de violencia familiar en el municipio y que participaron de esta iniciativa.
La estrategia, seleccionada como una de las mejores prácticas desarrolladas por las comisarías de familia del país, “incorpora un componente pedagógico y restaurativo dirigido a las personas responsables de hechos de violencia intrafamiliar, complementando las medidas de protección brindadas a las víctimas”, según el comunicado de la Alcaldía de La Ceja.
LAS CIFRAS
Entre enero y octubre del año pasado, el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila) registró 12.950 valoraciones por violencia intrafamiliar en Antioquia, lo que representó un incremento del 4,7 % (12.431 valoraciones) frente al mismo periodo del 2024. De esos casos, 1.574 ocurrieron en el Oriente antioqueño.





