El Oriente antioqueño está consolidando poco a poco un modelo de movilidad sostenible al implementar dinámicas de transporte de bajas emisiones. Impulsado por una combinación de incentivos financieros (como tasas de crédito para tecnologías de emisión más bajas frente a los motores de combustión) y un rápido desarrollo de infraestructura, la subregión es un foco clave de la transición energética del departamento.
Municipios como Rionegro lideran esta tendencia al registrar picos de crecimiento en matrículas de vehículos eléctricos que transforman el panorama de la movilidad local.
De acuerdo con informes del sector automotor de la Andi y Fenalco, solo durante el primer cuatrimestre de 2026, Rionegro sumó 116 nuevas matrículas de vehículos 100 % eléctricos y 203 de híbridos. Estas cifras se integran a la dinámica de Antioquia, que se ubica consistentemente entre las regiones con mayor adopción del país.
Cada vez es más común observar modelos 100 por ciento eléctricos de alta demanda nacional y un auge particular de vehículos de gama alta como los Tesla recorriendo vías como la de Llanogrande y San Antonio de Pereira.
Para Andrés García, director de Latam Mobility, el cambio de enfoque es evidente: “los vehículos eléctricos y de bajas emisiones por default no contaminan, entonces ya entendemos que la descarbonización viene por defecto, pero ahora es un tema más de rentabilizar”. Es decir, el argumento ambiental ya no es lo único: hoy la electromovilidad se sostiene por su impacto económico.
Ese impacto es tangible. Empresas y usuarios están encontrando en la movilidad eléctrica una reducción significativa en costos de operación, desde el ahorro en combustible hasta beneficios tributarios y menores gastos de mantenimiento. “Las apuestas hacia la electromovilidad generan rendimientos y generan ahorros”, explica García, quien insiste en que la conversación se trasladó hacia cómo recuperar más rápido la inversión.
Pero el cambio va más allá de los números. La expansión de esta tecnología está abriendo un nuevo ecosistema productivo. “La electromovilidad va a generar un montón de puestos de trabajo, un montón de modelos de negocio”, afirma.
Nuevas oportunidades
Desde la venta de vehículos hasta la operación de infraestructura de carga, pasando por servicios tecnológicos, financieros y logísticos, el sector está creando nuevas oportunidades en toda la cadena de valor.
Uno de los mayores focos de crecimiento está precisamente en la infraestructura. El aumento del parque automotor eléctrico ha activado una carrera por ampliar los puntos de carga, resolviendo una pregunta clave del mercado: qué viene primero.
“El mercado colombiano ya respondió: hubo una adopción muy fuerte de vehículos eléctricos, el reto que sigue es la infraestructura”, señala García.
En ese escenario emergen nuevas oportunidades. Centros comerciales, hoteles, universidades y gimnasios están incorporando estaciones de carga como parte de su oferta, diversificando ingresos y mejorando la experiencia del usuario. “La gente puede empezar a ver la disponibilidad de puntos de carga como una fuente alterna de negocio”, agrega. A esto se suman los operadores especializados (CPOs), empresas diseñadas para gestionar redes de carga, que serán cada vez más comunes en las ciudades.
La expansión de la infraestructura de carga pública busca mitigar el temor de los conductores por la autonomía de las baterías. La subregión ha sumado puntos clave de abastecimiento a su red, como la estación semirrápida en el sector El Tablazo en la vía Rionegro-Aeropuerto, sumada a los puntos de carga interoperables en el Mall Tranvía, de Marinilla.
No obstante, el reto para los planificadores urbanos del Oriente radica en lograr que la densificación de estas redes y electrolineras mantenga el mismo ritmo exponencial que las ventas, asegurando un suministro estable para una población vehicular en acelerado crecimiento.
El siguiente paso ya está en marcha: la conexión regional. Corredores de carga en vías nacionales permitirán recorrer el país -e incluso cruzar fronteras- con mayor tranquilidad. “La idea es que cada vez sean mayores las opciones, que en casi todas las rutas haya infraestructura de carga”, concluye García.
Los negocios del futuro
El 10 y el 11 de junio, Medellín será sede de Latam Mobility
2026, la cumbre que reunirá a más de 1.000 líderes públicos y privados. Más que una vitrina tecnológica, será una plataforma de negocios con espacios como el Matchmaking Hub, enfocado en gestión de flotas y soluciones operativas, conectando empresas, inversionistas y nuevas oportunidades en movilidad sostenible.




