El acelerado cambio que experimenta el Oriente antioqueño reclama la adopción de un proceso regulatorio estricto que la aleje del enfoque del crecimiento por inercia, reactivo, de tal manera que se puedan conservar las características que hacen de esta subregión del departamento un lugar atractivo, no solo para el empresariado, sino para sus habitantes y visitantes.
Entre los muchos aspectos que deberían entrar a regularse de una forma coordinada entre
las autoridades de todos los municipios está el del turismo, porque el flujo de personas que buscan disfrutar de los atributos del Oriente para esta actividad tiene que estar directamente
ligado a la capacidad para gestionar los límites de los ecosistemas.
De acuerdo con el informe Perfil Económico de la Subregión Oriente, de la Cámara de
Comercio de Medellín para Antioquia de 2024, el conglomerado de comercio, transporte,
hotelería y restaurantes representa el 18 % del Producto Interno Bruto (PIB) del Oriente
antioqueño.
A nivel departamental, el sector avanzó a una tasa promedio del 4.1 %, mientras que el
Oriente registró una expansión del 7 % entre 2015 y 2022. Los datos de la Cámara de Comercio
del Oriente Antioqueño evidencian que el ritmo de creación de empresas turísticas en la
subregión alcanzó un incremento del 7.65 %.
Este crecimiento hace que se tenga que poner una mayor atención en asuntos como la concentración de la oferta, pues mientras algunas poblaciones como Guatapé reciben un flujo
turístico constante que se desarrolla en medio de ciertos controles, otras zonas de la subregión cuyo atractivo está en el medio ambiente, como los páramos y los bosques, se ven abocados a una explotación turística de carácter más informal, que pone en riesgo sus riquezas.
Es tarea también de las autoridades poner atención al incremento del valor de la vivienda y los arriendos, como consecuencia del auge de las plataformas de alojamiento y de los proyectos rurales, lo que eleva el costo de vida para los habitantes tradicionales y satura las redes servicios públicos.
La contaminación y el alto flujo vehicular sobre vías que, a pesar del desarrollo de algunas
obras importantes, siguen siendo casi las mismas de hace más de 30 años, son otros factores
que pueden contribuir a desestimular el flujo turístico, si no se intervienen a tiempo.
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Ya la presencia de grandes camiones en vías secundarias que aún no conocen el pavimento
o que lo conocen desde hace poco tiempo, causa inquietud entre propios y visitantes.
El desarrollo de un marco regulatorio exigente, pasa también por establecer mayores controles a los operadores, formales e informales, para que tragedias como la del joven Alexánder Avendaño, quien murió ahogado en el embalse El Peñol-Guatapé el pasado 24 de mayo, luego de que fuera agredido durante una desenfrenada fiesta a bordo de un planchón, no se repitan.
De ello dependerá la sostenibilidad turística de la subregión.
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