“El amor por las plantas es gracias a mi abuela porque ella era una jardinera increíble y me llevaba a enseñarme los secretos de las plantas, de cómo sembrar y cómo hablarles para que florecieran”, recuerda Margarita Pérez, lideresa y defensora ambiental de la Reserva Aguamonte, en San Rafael.
Margarita Pérez Madrid nació en Bello, en 1958, donde creció con ocho hermanos, su madre Lía Madrid y su abuela Graciela Montoya Madrid. Como ella menciona, el amor por la naturaleza fue una herencia de su abuela; la creatividad y la determinación, de su madre. Esas cualidades han hecho que Margarita se interese por el cuidado, la conservación y la defensa del medioambiente.
En 2006, Margarita visitó por primera vez San Rafael, junto con su esposo. “Llegamos al paraíso de los ríos cristalinos y ya no quisimos salir”, cuenta la lideresa. Una señora les ofreció una finca con 36 hectáreas y una estrella fluvial de donde salen seis quebradas. Para ese entonces, era un lugar que había sido deforestado para ganadería y golpeado también por el conflicto entre grupos armados. Sin embargo, Margarita, su esposo y unos amigos decidieron comprar la finca que nombraron Aguamonte.
“Llegamos al paraíso de los ríos cristalinos y ya no quisimos salir”, Margarita Pérez, lideresa ambiental
Entre todos empezaron a reforestar el lugar, sembraron árboles frutales como guayabos, chirimoyos, borojós y otros árboles maderables. También dejaron espacios para huertas familiares e incentivaron la conservación del agua de esa estrella fluvial que alimenta varias microcuencas y se extiende a ríos como el Guatapé.
Después de ese proceso de restauración, Margarita Pérez buscó a la corporación Cornare y a Parques Nacionales Naturales de Colombia, junto con algunos vecinos para conformar la red de Reserva Natural de la Sociedad Civil en el Oriente antioqueño. En el 2016, varios predios —entre ellos, el de la lideresa— fueron aprobados y reconocidos como áreas protegidas.
Sin embargo, Margarita ha tenido que enfrentarse a situaciones como la tala de árboles y la disputa de terrenos que ponen en riesgo su liderazgo y la conservación del lugar. “Los retos más grandes para mí como mujer han sido enfrentarme a la violencia masculina y a la violencia en los territorios”, asegura. Hoy, la lideresa y su pareja viven en Aguamonte, cuidan el lugar y conviven con monos nocturnos, titís, osos hormigueros y demás especies. Su defensa por el medioambiente continúa, aun con los retos a los que se debe enfrentar.





