En Abejorral, catorce recicladores de oficio recibieron su certificación en competencias laborales para la recuperación de residuos sólidos. Detrás de los diplomas hay años de trabajo silencioso, esfuerzo y una nueva mirada sobre el valor del ambiente y la dignidad del oficio.
El proceso de formación liderado por la Alcaldía de Abejorral, Empresas Públicas de Abejorral, el SENA y Cornare, reconoció la labor que realizan estos hombres y mujeres para mantener el municipio limpio y promover el aprovechamiento de los residuos.
Durante la ceremonia el alcalde Manuel Guzmán Marín destacó que los recicladores son pieza clave en la gestión integral de los residuos sólidos, ya que con su trabajo contribuyen a la protección de los recursos naturales, la salud pública y la sostenibilidad de las comunidades.
“Reconocer su labor no solo es un acto de justicia social, sino una oportunidad para fortalecer las alianzas entre comunidades e instituciones en favor de un entorno más limpio y solidario”, afirmó el mandatario.
Para María Lilia Yepes Valencia, una de las recicladoras graduadas, este paso representa mucho más que un título. “Esto para nosotros es un gran apoyo porque mejora nuestra calidad de vida. Nuestra labor es linda, ayuda a tener a Abejorral como una tacita de plata. Agradecemos que nos miren como gente luchadora que quiere salir adelante”, contó emocionada.
Liliana Ciro Duque, directora de la Regional Páramo de Cornare, resaltó la importancia de dignificar este oficio y entenderlo como una contribución directa a la sostenibilidad. “Más que una ceremonia, este es un reconocimiento a quienes convierten los residuos en recursos y aportan al cuidado del ambiente”, explicó.
Por su parte, Jhon Fredy García Arias del Centro de la Innovación del SENA, recordó que muchos recicladores han aprendido su labor de manera empírica y que ahora, con esta formación, cuentan con una base formal para fortalecer su trabajo y abrir nuevas oportunidades.
La jornada dejó una enseñanza que va más allá del acto académico. El reciclaje no es solo una tarea ambiental, sino también un símbolo de transformación social y de respeto por quienes, con sus manos, le dan una segunda vida a los materiales y al territorio.





