Crecimiento y desarrollo
De la edición impresa (Edición 313)
Hay cosas que, vistas tal como ocurren en la realidad, poco tienen que ver con lo que uno imaginaba de ellas al oírlas enunciar. Eso es justamente lo que se descubre cuando, con un infante, se asiste a una cita de “crecimiento y desarrollo”: pareciera, con solo escuchar esa sobria y justa descripción del tipo de control médico en cuestión, que un pediatra diestro y pragmático va a coger al infante por los pies y lo va a pesar en una báscula, para después someterlo a todo tipo de estímulos entre los que, quizá, se incluye un martillito de goma que habrá de golpear las rodillas tiernas. Pero las cosas no son exactamente así: en lo que parece la antesala de una piñata, decenas de madres con sus bebés están sentadas en redondel -a uno le parece que, en cuestión de segundos, alguna de ellas será llamada para ponerle la cola al burro-, y hasta ocurre que un par de bombas han sido colgadas de una pared para ambientar la escena. Mientras tanto, tres mujeres sonrientes y con batas blancas tratan de llamar la atención de los asistentes a pesar de que la tarea entrañe una especial dificultad, pues risas, gritos, chisporroteos de babas, voces adultas deformadas hasta parecer japonesas, aplausos y cascabeles se superponen en un solo segundo.