Yuca cocinada con hogao
De la edición impresa (Edición 317)
Toda ciudad que se ufana de ser ciudad, goza de unos lugares ubicados de manera muy particular en donde sus habitantes de la noche y sobre todo los amantes de ver despuntar el sol con botella en mano, logran regodear sus excesos etílicos y su hambruna mañanera con una oferta de platos no muy santos, o mejor dicho, nada convencionales con respecto a su desayuno cotidiano. En el Medellín de hoy y desde hace muchos años pululan en sus 4 puntos cardinales verdaderos entables ambulantes con energía pirateada, mesas con butacos y parasoles, en donde los amanecidos de fin de semana logran saciar su hambruna con una serie de propuestas bastante lejanas de nuestras tradiciones regionales en aquello que llamamos desayuno paisa. Es un hecho, actualmente quien desee menguar su apetito o catalizar sus tragos, encuentra en los lugares referidos cosas como las siguientes: salchipapas y salchiquesos con salsa rosada, perros calientes con repollo y viruta de papa, hamburguesas con cinco salsas diferentes, arepas de queso rancio embadurnadas de leche condensada, chuzos de pollo, Pony Malta, Gatorade, Red-Bull y otras tantas bebidas todas de garantizada acción reenergizante. Nada hay para hacer, esa es la cultura gastronómica de la generación del reguetón y merece su respeto.

Hace poco desempeñé por primera vez en mi vida el particular oficio de jurado de votación, y bajo la convicción de que ese trabajo poco se acerca a las atribuciones de un jurado tal y como lo define la Real Academia Española, pues, mientras las sagradas escrituras del lenguaje hablan de determinar culpabilidades, examinar méritos o deliberar en asuntos de diversa índole, la pomposa Registraduría solo quiere que sus árbitros desdoblen papeles y hagan rayitas en un formulario, y todo bajo la más rotunda desconfianza, pues ella misma, días después, recontará los votos en el refrigerado secreto de sus oficinas capitalinas. 
Claudia Calle
Alberto Sierra
Al cruzar el puente de la Avenida El Poblado sobre la calle 30, uno de los funcionarios que acompañaba al Alcalde Sergio Fajardo en su recorrido por el sector le preguntó, un poco en broma, que hacía cuanto tiempo no venía por este lado de la ciudad. No hubo respuesta inmediata, pero luego, al final del trayecto, el Alcalde le dijo a Vivir en El Poblado que “hacía rato que no caminaba por acá, o sea que valió la pena venir”.