Los sentimientos encontrados que genera la pandemia

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Ya llevamos más de 30 días en aislamiento por la pandemia de COVID-19: sí, más de un mes, y ¿quién iba a pensarlo? Esto que nos está ocurriendo pareciera un sueño interminable del que algunos quisieran no despertar, algo tan sumamente surreal…

Yo creo que nunca olvidaremos esto que estamos viviendo y el próximo año, si la vida nos permite seguir en este mundo, recordaremos el sinnúmero de sentimientos que nos generó este proceso de transformación.

Lo que sí es una realidad es que esto ha sido un verdadero reto para todos, me atrevería a decir que sin excepción alguna. Los colegios tuvieron que adaptarse a nuevas modalidades de educación, las empresas a cerrar y/o a despedir empleados, los niños a entender por qué no pueden jugar en el parque ni ver a sus amiguitos, los adultos mayores a entender que ellos son los más vulnerables, y los jóvenes, a cuestionarnos por qué lado tomarnos lo que está ocurriendo y qué provecho le vamos a sacar, aunque a veces la luz se vea tan lejos.

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¿Reinventarnos? ¿Volver a nacer? Sí, señales del universo que debemos aprender a interpretar y que tal vez sean una oportunidad nueva para todos.

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Yo creo que no estamos montados en el mismo barco, tal vez sí estemos atravesando una “tormenta” similar, pero vamos en diferentes posiciones. Para algunos, ha sido un momento positivo, de estar en familia y tal vez hasta “de vacaciones”; para otros, una sensación de desasosiego; otros luchan por tener con qué comer y hay quienes vivimos en una montaña rusa de emociones entre incertidumbre, susto y momentos de calma.

Hay quienes se quejan por extrañar, pero yo me pregunto, ¿acaso extrañar es malo? Sí, está claro que casi siempre genera una sensación de ansiedad, tristeza y nostalgia. Pero extrañar es el precio que se paga por vivir momentos inolvidables con alguien o con algo. Quienes verdaderamente se quieren y se extrañan, se buscan, se escriben, se llaman, se mandan mensajes, canciones, poemas o hasta silencios.

Extrañar es tan natural y tan normal como cada uno de las emociones y de los sentimientos que experimentamos en el día a día.

¿Que cuándo acabará esto? Ni idea, creo que tal vez sea una de las preguntas más difíciles de contestar por cualquier persona en este momento, pero lo que sí les aseguro es que si soñamos con un futuro bonito, pisamos el presente y seguimos adelante a pesar de los obstáculos y las adversidades, realmente vamos a despertar y a entender lo que todo esto que está ocurriendo nos va a aportar.

Tenemos mucho miedo, estamos contagiados por un pánico colectivo que puede ser entendible. Nos preocupa nuestro futuro laboral y económico, pero ¿qué podemos hacer en este momento? Intentar nuevas opciones, buscar la calma y esperar, porque hay cosas que realmente no podemos controlar.

Cuando todo esto llegue “a su fin”, no tenemos que ser más exitosos; sencillamente, más humildes y definitivamente más humanos.

Paciencia, respiremos y resistamos: todo pasará. Vibremos alto, porque con la energía que fluyamos nosotros, el universo también lo hará. La oscuridad y los cambios fuertes, siempre anuncian que se acerca un período de expansión. Proyectémonos.

Por: Laura Mejía

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