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El piloto de motos finalizó la carrera este 2017 (una proeza). Más alegrías que drama para el envigadeño en la exigente travesía

Por José Fernando Serna Osorio
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Mateo tocó cuatro veces las puertas del infierno… y lo hizo por gusto. Ya tiene experiencia. Con un sueño masoquista se ha ido de frente contra esos lobos hambrientos que huelen la adrenalina de su rival. Desafió la naturaleza con su calor abrasivo e inmisericorde que busca cocinar hasta los pensamientos y el contraste de frío que toca el nervio al punto de quebrar los huesos.

Esa boca del averno transformada en el Rally Dakar ha sido el desafío, pero a la vez, un momento transversal vestido de paraíso en la vida de Mateo Moreno Kristiansen. El 2017 fue otra prueba de fuego para el curtido piloto envigadeño de 39 años que se aventuró nuevamente a esta odisea tras el grave accidente en la quinta etapa de 2015, en la que una caída le dejó seis costillas fracturadas, un pulmón afectado y otra lesión en la clavícula.


Tupiza - Oruro (BOL) Fotos cortesía Shakedownteam

Era su tercera participación en la exigente carrera, tras 2013 y 2014, y aunque aquella vez intentó montarse de nuevo a la moto, el cuerpo no le respondió. Fue un adiós con ganas de más. Paró en 2016 para volver con su armadura y montarse en la KTM 450 Rally Réplica. 22 años de experiencia motociclística a tope para 13 días en esta agresiva carrera.


San Salvador de Jujuy (ARG) - Tupiza (BOL) Fotos cortesía Shakedownteam

“Con la sangre caliente pienso que la posición 74 no es buena, pero cuando me pongo a repasar el día a día, que hubo momentos en que falló la navegación, que me tocó reparar una falla técnica, que soporté bajas temperaturas subiendo a 3.200 metros de altura en Bolivia, ahí sí uno piensa que es muy buena posición”, dice un Mateo con conocimiento de causa y sin titubear.

Las imágenes del Mateo gladiador se vieron a través de las redes sociales. Una moto gigante y sobre ella un batallador andando a 120 kilómetros de velocidad por canales de ríos secos o carreteras destapadas, un desierto en el que a veces la confianza se paga con un extravío, una pérdida de tiempo, una falla mecánica o quizá la muerte. Ya ha pasado con más de 60 pilotos en la historia del Dakar.

Fotos cortesía

Sobre la moto Mateo lleva la adrenalina a tope, los pensamientos siempre en torno a la carrera y el mapa de navegación. No debe haber descuidos y la arena que embadurna la cara es casi una caricia. Momentos en los que 45 grados de temperatura aporrean el cuerpo que clama algo de comida y agua. Extenuantes jornadas que pueden llegar hasta las 15 horas de recorridos y solo 5 ó 6 de recuperación y descanso. No obstante, todo es parte de esa pasión.

Otros aspectos sobresalen en esas travesías: la amistad entre pilotos, el cariño de la gente cuando pasan por alguna localidad o compartir un simple asado en medio de la carrera son cosas que pueden ocurrir. Esta última la vivió Mateo en los últimos días de competencia cuando iba camino hacia San Juan en Argentina.

Con el público en Bolivia

La cerveza bien fría, eso sí, es el único licor que esporádicamente consume Mateo. En medio de la carrera, el calor y una trajinada jornada se detuvo para limpiarse la cara a bordo de carretera con la fortuna que un grupo de espectadores argentinos realizaban un asado allí. Cerveza helada para el corredor y carne fueron la recompensa en aquel momento.

Los que están detrás
Esta competencia, considerada tan difícil como escalar el Everest para los alpinistas, tuvo todo el empeño de Mateo en logística y preparación. El apoyo de su familia fue fundamental y el impulso que le dieron su hija de ocho años y su esposa no lo dejaron claudicar en la intención de volver a la competencia que recorrió Paraguay, Bolivia y Argentina Los primeros días de enero.

Y es que es tan fundamental ese apoyo familiar, que ni siquiera el monetario se interpone como una necesidad. El piloto considera que el hecho de competir a estas latitudes ya implica un gasto que debería estar financiado por parte del Gobierno y los patrocinadores, pero en este caso, la parte gubernamental no los reconoce ante el país como deportistas. “No saben hasta qué punto valen los apoyos. No solo es plata”, asegura.

Y es que desde el patrocinador que les suministra medias, pasando por los elementos de protección o un simple impermeable, suman a la causa. No obstante, el solo acompañamiento en muchos casos basta. Otra situación ocurre con los patrocinadores que, de acuerdo con Mateo, han sido benévolos y han ayudado para que él haya podido representar al país, este 2017 junto a Christian Cajicá y Juan Esteban Sarmiento.



Mapa de navegación


Hora de hidratarse


Ajustes Mecánicos


El Asado en Argentina
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