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La Orquesta Filarmónica prepara un concierto que evoca el baile para la fiesta del Teatro Metropolitano esta noche

Por Laura Montoya Carvajal

Por momentos hay silencio, que es interrumpido por una melodía ensayada rápidamente por un violín o una trompeta: una revisión para la memoria del músico, que junto a los que revuelven partituras o murmuran indicaciones vuelven al orden a la indicación del director Francisco Rettig.

Al ensayo de la Orquesta Filarmónica de Medellín, algunos curiosos son atraídos por las melodías que salen del local de Oviedo y se juntan con la conversación y los ruidos del comercio. Adentro los más de 50 músicos atienden la orden de tocar el Vals del Emperador desde el principio. Tutti. “Para que no quede ninguna duda”, dice Rettig.

La indicación de sus manos y el conteo le da inicio a la obra. Unos pocos ríen porque no salió tan bien y vuelven a empezar. Esta vez, todos en tiempo, avanzan por los compases mientras la mano izquierda de Rettig, con un anillo en el anular, guía entradas, pide bajar la intensidad de la percusión y en un momento, como alentando un fuego, levanta ambas palmas hacia arriba rápida y repetidamente.

Las obras de Johann Strauss hijo, polkas y valses, son tradicionalmente tocadas en Europa, en especial en Viena, para celebrar el año nuevo: “La música de Strauss es de gusto universal: él tuvo grandes admiradores, incluyendo a Brahms”, explica el director.

Estas son las que tocará la orquesta el viernes 2 de diciembre en el Teatro Metropolitano. “Los valses vieneses tienen mucha demanda interpretativa y una ejecución bastante sofisticada; muchos detallitos que hay que pulir con el maestro. A mí me gusta mucho estar cerca de los cornos porque se siente mucho el ritmo de vals”, comenta Marisol Zapata, violinista. En un momento en el que estos instrumentos llevan la melodía principal con mucha intensidad, el maestro los felicita con un “¡Bravo!” Mientras tocan, los músicos oscilan su cabeza y hombros en sincronía.

Los valses y polkas, según la arpista Bibiana Ordóñez, ponen contento al público cuando los tocan, aunque no conozcan su tradición festiva. “Me parece muy bonito llevarlas al público e intercambiar culturalmente cosas con ellos”, dice.

Por momentos, el maestro director le explica a algún instrumentista que una nota que está escrita de una forma determinada, por tradición se toca de otra manera. “Esto no se aprende en la academia, sino que se aprende de grandes maestros con los que uno tuvo el privilegio de estudiar”, agrega el director. Cuando indica el cambio, algunos toman lápices y anotan el comentario.

Alejandro Ruiz, percusionista principal de la orquesta, opina que el repertorio de la noche del viernes le aporta “mucha fineza y elegancia a la orquesta, y ese sonido majestuoso que debe tener, además de cierta ligereza, es algo liviano”. Como, dice, estas eran obras de baile, son justo esas características las que necesitan.

La noche vienesa de valses y polkas tendrá la Obertura de El Murciélago, la polka Trish Trash, la Pizzicato Polka, el Vals del Emperador, la Obertura de El Barón Gitano, la polka Tren de la Diversión, el vals Voces de Primavera, la polka Rayos y Truenos y el vals El Danubio Azul. El concierto es parte de la Gran Fiesta de Medellín Cultural, y se hará a las 8 p.m. del viernes.

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